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Uvas de Nochevieja
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Uvas de Nochevieja (Foto: Antonio Castro)

Las uvas en el fin de año madrileño

lunes 01 de enero de 2024, 10:43h
Actualizado: 02/01/2024 07:58h

En España despedimos el año comiendo 12 uvas al ritmo que marcan los relojes la medianoche del 31 de diciembre. Los italianos comen lentejas en ese momento. El origen más extendido de esta tradición española habla de una cosecha excesiva de uvas que, para darle salida, se inventaron tomar las doce reglamentarias. Sin embargo, si repasamos la prensa de final del siglo XIX, nos encontramos con que, en Madrid, el año 1893 ya estaba bastante extendida la costumbre, hoy casi obligada.

Foto: Antonio Castro

El diario El Imparcial publicó el 1 de enero de 1894 una gacetilla sobre esta moda que, según el periodista, había sido importada de Francia. Con el título de Las uvas bienhechoras, El Siglo Futuro, copió el artículo al día siguiente. En él podemos leer:

“La costumbre ha sido importada de Francia, pero ha adquirido entre nosotros carta de naturaleza. Hasta hace pocos años eran muy contadas las personas que comían uvas el 31 de Diciembre al sonar la primera campanada de las doce de la noche. Hoy se ha generalizado esta práctica salvadora, y en cuanto las manecillas del reló señalan las doce, comienza el consumo de uvas más o menos lozanas. Es cosa indiscutible, según algunos autores: las uvas, comidas con fe la última noche del año viejo, proporcionan la felicidad durante el año nuevo”.

También El Correo Militar (1-1-1894), reseñando el fin de año, publicaba:

La imperecedera costumbre de comer las uvas al oír sonar la primera campanada de las doce, tenía reunidas en fraternal coloquio a infinidad de familias, y todos a coro gritaron: ¡Un año más! Nadie se acordaba ya del triste recuerdo del pasado”.

O sea que, si hacemos caso a los periódicos, iniciada la última década del siglo XIX ya se comían las uvas en muchos hogares. Que ya se conocía la tradición lo evidencia también un suelto que el diario La Iberia publicó el 1 de enero de 1893. En él se refiere a una noticia publicada por El Estandarte e incluye esta coletilla:

“No sabemos si El Estandarte habrá seguido la costumbre de comer las uvas a las doce de la noche en punto de ayer, para preparar la felicidad del año nuevo. Pero si las ha comido, seguramente las ha encontrado verdes”.

Foto: Antonio Castro

Algo distinta es la versión que da La Correspondencia de España el mismo día:

“En otras muchas casas hubo recepciones particulares y de familia; en muchas se comieron a la medianoche las tres uvas simbólicas, que han de dar, si Dios quiere, alegría, salud y dinero”.

Dos años más tarde (1-1-1896) el mismo periódico hablaba del fin de año del Consejo de Ministros:

“A las doce en punto de la noche saludaron los ministros la entrada del nuevo año comiendo ricas uvas y bebiendo Champagne, pronunciándose con este motivo entusiastas y patrióticos brindis”.

La Justicia afinaba un poco más:

“Los ministros comieron tres uvas negras, con la esperanza de que tan sobrio manjar, consumido en aquella hora, les diera el poder de vencer con fortuna las adversidades que, más que ellos, padecemos nosotros, por culpa de sus errores y de sus torpezas incalificables”.

Y una última cita de La Época (2-1-1896):

“En la residencia de la marquesa de Casa Loriní los concurrentes saborearon, al dar las doce, exquisitas uvas de Almería, rindiendo así culto a una antigua tradición, según la cual, quien come uvas en tal momento puede prometerse un año feliz”.

El paso de siglo, del 31 de diciembre de 1899 al 1 de enero de 1900 (otros prefieren empezar el nuevo siglo con el año 1…) fue celebrado por los periodistas de El Globo, así:

“En la redacción, reunidos los que a diario gastamos las fuerzas en la ingrata labor de emborronar cuartillas, nos disponemos a comer las uvas clásicas; una por cada campanada de las doce, que resonarán solemne y pausadamente, a manera de golpes que han de ser mortales para el año 1899”.

Foto: Antonio Castro

El argumento de la gran cosecha de uva es un tanto dudoso. Sobre todo por los plazos. La vendimia se realiza a final del verano, sobre el mes de septiembre, dependiendo de cómo hayan ido las temperaturas y las lluvias. Si la uva se recolectaba en esas fechas ¿cómo se conservaba en condiciones comestibles durante tres meses? No existían las cámaras frigoríficas y los alimentos se conservaban con hielo, o con nieve almacenada en lo que se conocía como ‘pozos de la nieve’. En Madrid, en las inmediaciones de la plaza de Barceló había uno muy importante. Como todas las frutas, las uvas se pudren en un corto espacio de tiempo, salvo que se sequen para convertirlas en pasas. Sería interesante averiguar cómo lograban que llegaran racimos intactos para consumir en esa fecha.

En cualquier caso, la de las uvas en Nochevieja, es una tradición más que centenaria entre nosotros.

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