Un estudio europeo basado en 121.698 usuarios españoles sitúa a la capital como el epicentro del sugar dating en España. Madrid concentra el 17% del total nacional y los españoles, además, lideran Europa en intensidad de uso.
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Madrid es, desde hace años, la ciudad española donde más dinero se concentra. Es la sede de las grandes empresas del país, el centro de su sistema financiero y la capital de su economía de servicios. Por aquí pasa el capital, viven los ejecutivos, despachan los abogados de los grandes bufetes y compran piso los directivos que llegan de fuera y los que se hacen aquí. Es una de las grandes capitales económicas del sur de Europa, una plaza que compite a la par con Milán o París en sedes corporativas, en tráfico aéreo de negocios y en concentración de talento internacional. El gasto turístico internacional en la región alcanzó los 16.117 millones de euros en 2024, un 21% más que el año anterior, y el segmento premium ya supone más de una cuarta parte del total. “El objetivo no es atraer más turistas, sino mejores turistas”, ha resumido en varias ocasiones la concejala delegada de Turismo, Almudena Maíllo. Y en una ciudad así, con esa concentración de hombres con poder adquisitivo entre residentes y visitantes, también se concentra otra realidad menos comentada pero que crece sin hacer ruido.
Madrid es la ciudad española con más Sugar Daddies registrados en plataformas digitales. Son 3.915, según los datos de “Anatomy of Sugar Dating in Europe”, un estudio publicado en abril por la plataforma Sugar Daddy Planet a partir de su base operativa de 255.989 usuarios europeos. El desglose específico del mercado español lo ha recogido en su blog Sugar Daddy España, que ha añadido el detalle ciudad por ciudad. La cifra madrileña no destaca solo por su tamaño absoluto: supera la suma de Barcelona (2.591) y Valencia (1.073), las dos ciudades que vienen detrás en el ranking, y equivale a uno de cada seis Sugar Daddies del país.
Si al recuento se suman las 16.008 Sugar Babies activas en la capital, Madrid suma 20.123 perfiles registrados, más del triple que Valencia, tercer municipio del ranking nacional. La ciudad alberga aproximadamente el 7% de la población española y concentra el 17% de los Sugar Daddies del país. Está sobrerrepresentada, dos veces y media por encima de lo que le tocaría por demografía. Funciona en este indicador, como funciona en casi todos los demás del sector económico, como un nodo que absorbe más de lo que produce.
Una práctica importada que ya es local
El sugar dating describe una modalidad de relación en la que un hombre con poder adquisitivo, el llamado Sugar Daddy, mantiene una vinculación con una mujer más joven, la Sugar Baby, en la que las citas, la compañía y eventualmente la intimidad se acompañan de algún tipo de compensación material. Pueden ser regalos, viajes, mensualidades, gastos cubiertos. La fórmula admite muchos matices y mucha discusión sobre dónde acaba un tipo de relación y empieza el siguiente.
El modelo se popularizó en Estados Unidos a comienzos de los 2000 con la apertura de las primeras plataformas dedicadas a poner en contacto a usuarios con este tipo de expectativas. Durante años, los reportajes que llegaban a España hablaban siempre de universidades americanas, de estudiantes pagándose la matrícula con la ayuda de un Sugar Daddy maduro de Manhattan, de fiestas en hoteles de Las Vegas. Era una práctica suficientemente exótica como para que cuajara la idea de que aquí, en cambio, eso no se daba. Las cifras que se conocen ahora dicen otra cosa. Y Madrid, otra vez, es donde mejor se ve.
Laura (nombre ficticio para preservar su anonimato) tiene 28 años, vive en Chamberí y combina un contrato a tiempo parcial en marketing con un máster que está terminando. Lleva algo más de un año usando una plataforma del sector. “Al principio lo probé por curiosidad y por necesidad económica. El alquiler en Madrid, el máster y los gastos del día a día pesan”, explica. Lo que se encontró, dice, no se parecía a lo que esperaba: “Encontré perfiles de hombres maduros, con carreras consolidadas, que buscan compañía de calidad más que otra cosa. No es la imagen que sale en las series: ni ellos son millonarios excéntricos de 60 años, ni yo soy una estudiante de 20 desesperada”.
Los españoles, los más activos del continente
Si Madrid lidera dentro de España, España lidera dentro de Europa. Pero lo hace de una manera curiosa, casi paradójica. Por volumen de búsquedas del término “sugar daddy” en Google, España ocupa el noveno puesto del continente, lejos de Turquía o de Alemania. El interés inicial es solo moderado. Donde España no tiene comparación es en lo que hacen los usuarios una vez dentro de las plataformas.
Cada usuario español activo envía, de media, 105 mensajes. Los portugueses, segundos en el ranking europeo, se quedan en 67. Los franceses, en 43. Los holandeses, en 17. España manda, en cifras prácticas, el doble que la media europea y seis veces más que los Países Bajos. Es como si España fuese un país de pocos clientes pero clientes muy hablados.
Hay distintas hipótesis sobre por qué ocurre. Una posibilidad es que las plataformas españolas hayan desarrollado más y mejores herramientas de mensajería interna, lo que fomenta conversaciones largas antes de las quedadas. Otra explicación apunta a algo más cultural: en España los negocios se hacen con calma y rara vez de forma directa. Se conversa primero, se sondea, se construye una mínima confianza, y solo después se llega al asunto. Algo parecido parece estar ocurriendo en estas plataformas, donde los usuarios prolongan la fase de conversación previa en lugar de ir al grano como hacen los holandeses o los alemanes. Probablemente influyan las dos cosas a la vez.
Los clichés que los datos desmontan
Si una persona ajena al fenómeno se imagina cómo es una pareja típica de sugar dating, probablemente piense en un señor mayor, sesentón, con un coche caro, y una chica de veintipocos años recién salida de la facultad. Los datos del estudio dicen que ese cliché tiene poco que ver con lo que ocurre en España. La edad media de las Sugar Babies españolas es de 27,9 años. La de los Sugar Daddies, 42,2. La diferencia, 14,3 años de media, es bastante menor que la europea (19,8) y muy lejana a la italiana, que en una ciudad como Turín supera los 21 años. En España, las relaciones son intergeneracionales, sí, pero menos asimétricas de lo que dicta el imaginario popular.
Tampoco se sostiene otra imagen muy extendida: la de la Sugar Baby pasiva esperando a ser contactada. Son ellas quienes inician el 45% de las conversaciones, frente al 55% de los daddies. Una diferencia de apenas diez puntos. Las usuarias españolas no son receptoras pasivas: escriben primero, escogen, descartan. Laura lo describe así: “Yo suelo ser la que inicia muchas conversaciones; miro bien los perfiles y descarto rápido a quien busca algo que no me encaja”. Esa autonomía conecta con otro dato curioso del estudio: según las cifras de SEMrush utilizadas como fuente complementaria, el público de las plataformas se reparte casi al cincuenta por ciento entre hombres y mujeres. Para una industria que se vende como dirigida a hombres con dinero, esa paridad de audiencia es uno de los hallazgos menos esperados.
El retrato que sale de cruzar todos estos datos es bastante distinto del que circula en los reportajes televisivos. No hay tanto millonario sesentón, no hay tanta veinteañera vulnerable, no hay tanta dinámica unidireccional. Lo que hay es un mercado relativamente equilibrado entre dos partes con expectativas explícitas, hombres maduros con carrera consolidada y mujeres jóvenes con criterios claros sobre lo que buscan y lo que no. Para la investigadora sueca Lena Gunnarsson, profesora de Estudios de Género en la Universidad de Örebro y autora del trabajo de referencia europeo más reciente sobre el fenómeno, el sugar dating representa “la culminación de una tendencia más amplia hacia la mercantilización de la intimidad” en la que una racionalidad económica se extiende a esferas que antes funcionaban con otras lógicas. Que esto se acerque más o menos a otras formas tradicionales de relación, o que se aleje completamente de ellas, sigue abierto a debate.
La conversación que aún no se ha tenido
Apenas hay producción académica española sobre el fenómeno. Inés del Valle Sevilla, autora del único artículo jurídico publicado en una revista especializada del país, lo reconoce en la introducción de su trabajo: la literatura nacional sobre sugar dating es, en sus palabras, “limitada”. El terreno lo siguen ocupando, casi en exclusiva, las propias plataformas que comercializan el servicio. Tampoco se ha tenido un debate público de fondo sobre la regulación específica del sector, los mecanismos de verificación o la conexión, todavía no demasiado estudiada, entre estas plataformas y los discursos que circulan por las redes sociales.
En otros países europeos, sin embargo, el debate ha llegado antes. En noviembre de 2022, el Tribunal Supremo de Noruega dictaminó que las relaciones surgidas en plataformas de sugar dating pueden encajar dentro de la ley que prohíbe la compra de servicios sexuales, vigente desde 2009. “Cómo se denomine a una relación o cómo entraron en contacto las partes no es un factor decisivo”, argumentaron los magistrados al confirmar una condena por estos hechos. Bélgica multó por motivos similares la campaña publicitaria de una plataforma del sector dirigida a estudiantes universitarios. Google Play, por su parte, prohibió desde 2021 las aplicaciones del sector en su tienda, lo que empujó a las compañías a operar exclusivamente a través de la web.
Mientras tanto, los números siguen creciendo. Ocho de cada diez mujeres inscritas en plataformas de sugar dating en España son menores de 31 años. Seis de cada diez son universitarias.
Laura, la usuaria madrileña que aceptó hablar para este reportaje a condición de mantener su anonimato, lo resume desde dentro: “Sé que es un tema controvertido. Para mí es un acuerdo entre adultos que saben lo que hacen. No lo llamaría amor, pero tampoco lo reduciría solo a una transacción. Es algo intermedio que, en mi caso, me ha permitido mantener mi independencia sin ahogarme económicamente”. Y añade un dato sobre Madrid que coincide con el diagnóstico del estudio: “Madrid facilita mucho esto: hay movimiento constante de profesionales, viajes de negocios, restaurantes y hoteles discretos. Es más fácil quedar sin que parezca extraño”.
Y Madrid sigue, por encima del resto de ciudades españolas, marcando el paso. Concentra alrededor del 17% del mercado nacional del sugar dating. Una proporción afín a la que la ciudad alcanza en otros indicadores económicos: gana en concentración de capital, en sedes empresariales, en salarios directivos. También, según los datos del estudio publicado en abril, en esto.
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Datos: ‘Anatomy of Sugar Dating in Europe’ (Sugar Daddy Planet, abril 2026), basado en 255.989 usuarios europeos, 121.698 españoles y 404.710 mensajes anonimizados. DOI: 10.5281/zenodo.19451612. El desglose específico para España, con datos comparativos por ciudades, ratios y perfiles, ha sido publicado por Sugar Daddy España en su blog.