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TAL DÍA COMO HOY EN MADRID

Madrid entre humo y palabras: cuando los cafés fueron el parlamento de la ciudad

Madrid entre humo y palabras: cuando los cafés fueron el parlamento de la ciudad

sábado 07 de marzo de 2026, 07:59h

A comienzos del siglo XX, Madrid era una ciudad en transformación.

La capital crecía con rapidez. Nuevos barrios se expandían hacia Chamberí, Salamanca o Argüelles, los tranvías eléctricos recorrían las calles y pronto la apertura de la Gran Vía cambiaría para siempre la fisonomía del centro.

Pero mientras la ciudad se modernizaba en lo físico, otro fenómeno estaba ocurriendo en sus cafés.

Los cafés madrileños se habían convertido en el gran espacio de conversación de la ciudad.

Allí se reunían escritores, periodistas, artistas y también simples curiosos que acudían a escuchar. En una época sin radio ni televisión, el café era mucho más que un lugar para tomar algo: era un foro público donde se discutía de literatura, política, filosofía o actualidad.

Entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX, Madrid vivió lo que algunos historiadores han llamado la edad de oro de los cafés.

Había decenas de ellos repartidos por el centro: en la Puerta del Sol, en la calle Alcalá, en la Carrera de San Jerónimo o en el paseo de Recoletos. Algunos eran elegantes y concurridos; otros, más modestos y bohemios.

Pero todos compartían una característica: eran lugares donde se hablaba.

Uno de los cafés más singulares fue el Café de Pombo, situado cerca de la calle Carretas. Allí se reunía cada sábado una tertulia dirigida por el escritor Ramón Gómez de la Serna, una de las figuras más originales de la literatura española.

La tertulia del Pombo tenía algo de laboratorio literario y algo de espectáculo.

Ramón presidía la mesa rodeado de jóvenes escritores, periodistas y artistas. Entre discusiones y bromas nacían muchas de sus célebres greguerías, esas frases breves que mezclaban humor y reflexión.

El ambiente era tan peculiar que el pintor José Gutiérrez Solana terminó inmortalizando aquella tertulia en un famoso cuadro que hoy se conserva en el Museo Reina Sofía.

Pero el Pombo no era el único escenario de la vida cultural madrileña.

En el paseo de Recoletos se encontraba el Café Gijón, que con el tiempo se convertiría en uno de los centros más conocidos de la vida literaria de la ciudad. Durante décadas, generaciones de escritores pasarían por sus mesas, consolidando su fama como lugar de encuentro intelectual.

Los cafés eran también un espacio fundamental para el periodismo.

Muchas redacciones estaban cerca del centro y los periodistas acudían a los cafés para comentar noticias, buscar información o escribir artículos. No era raro ver a redactores tomando notas en cuadernos o incluso en servilletas mientras discutían titulares con compañeros de profesión.

En cierto modo, gran parte de la prensa madrileña se escribía entre tazas de café.

La vida de tertulia tenía además su propia fauna humana.

Estaban los escritores consagrados, los aspirantes a escritores, los periodistas y también los llamados tertulianos profesionales: personas con una enorme capacidad para debatir sobre cualquier tema imaginable.

Muchos jóvenes autores pasaban más tiempo en los cafés que en sus propias casas. Allí leían, escribían, discutían y conocían a editores o periodistas que podían ayudarles a publicar.

La bohemia formaba parte de ese mundo.

Muchos escritores vivían con escasos recursos y los camareros estaban acostumbrados a fiar cafés durante semanas o incluso meses. A veces, la deuda se saldaba con un manuscrito, un dibujo o una dedicatoria.

Papeles que en aquel momento parecían insignificantes y que hoy serían auténticas piezas de colección.

Durante aquellas décadas los cafés fueron también la puerta de entrada a las nuevas corrientes culturales europeas.

Por sus mesas circulaban revistas francesas, libros alemanes o traducciones de autores rusos. Las ideas viajaban rápidamente entre lectores apasionados y las discusiones podían prolongarse durante horas.

La Guerra Civil transformó profundamente la ciudad y muchos de aquellos cafés desaparecieron o cambiaron para siempre.

Con el paso del tiempo, la vida cultural se desplazó hacia otros espacios: universidades, editoriales, centros culturales o medios de comunicación.

Sin embargo, el espíritu de las tertulias nunca desapareció del todo.

Madrid sigue siendo hoy una ciudad donde la conversación ocupa un lugar importante. Las tertulias continúan existiendo, aunque hayan cambiado de forma.

A veces ocurren en bares, en librerías o en espacios culturales. Y otras veces ocurren en formatos que los tertulianos de principios del siglo XX jamás habrían imaginado.

Como un podcast.

Porque, en el fondo, Madrid sigue siendo una ciudad donde las ideas circulan de mesa en mesa.

Como hace más de cien años.

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