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TAL DÍA COMO HOY EN MADRID

Los monarcas exiliados del Palacio

Los monarcas exiliados del Palacio

domingo 08 de febrero de 2026, 07:00h
Actualizado: 08/02/2026 10:49h

En febrero de 1760, en una Madrid que avanzaba entre carrozas, capas pesadas y un creciente espíritu ilustrado, una decisión del recién llegado Carlos III marcó para siempre el perfil del Palacio Real. El monarca ordenó detener la colocación de estatuas en su fachada, una instrucción que, con el tiempo, alimentaría tanto explicaciones técnicas como relatos de corte legendario. La versión oficial decía que el peso de las esculturas comprometía la estabilidad del edificio, todavía joven y en proceso de consolidación.

Pero la ciudad prefirió una explicación menos pragmática y mucho más seductora: según la tradición oral, la reina madre, Isabel de Farnesio, habría tenido un sueño premonitorio en el que las estatuas caían desde las alturas sobre el palacio, arrastrando consigo parte del edificio. Una historia jamás confirmada, pero tan repetida por los madrileños que terminó arraigando en la memoria colectiva.

Lo cierto es que la construcción del palacio había sido concebida para mostrar una monumentalidad sin precedentes. Filippo Juvarra y Giovanni Battista Sacchetti idearon un edificio coronado por decenas de figuras pétreas: reyes, reinas, nobles y santos que, en conjunto, representaban la genealogía simbólica de la monarquía hispánica. El plan era ambicioso y profundamente barroco: una fachada poblada por más de un centenar de estatuas que mirarían la ciudad desde las cornisas y balaustradas.

La orden de 1760 interrumpió aquel proyecto a medio camino. Muchas de las esculturas ya estaban talladas en los talleres de Madrid bajo la supervisión de Olivieri y Felipe de Castro. Sin embargo, nunca llegaron a ocupar la posición elevada para la que habían sido concebidas. En lugar de coronar la fachada del Palacio Real, comenzaron a dispersarse por toda la ciudad como piezas sueltas de un plan inacabado.

Con el tiempo, estas figuras encontraron nuevos hogares. Trece de ellas fueron alineadas en el Paseo de las Estatuas del Parque del Retiro, donde hoy forman un insólito corredor pétreo que acompaña a los paseantes bajo los árboles. Otras se instalaron en la Plaza de Oriente, justo frente al propio palacio. Más esculturas ocuparon los Jardines de Sabatini, integrándose en un paisaje geométrico que combina la serenidad verde con la presencia histórica. Algunas acabaron en la Glorieta de Pirámides o en el Museo de Artillería, mientras que varias fueron enviadas más allá de Madrid, a ciudades como Ferrol, Vitoria y Pamplona, ampliando aún más este peculiar mapa de exilios escultóricos.

La orden del rey, en apariencia limitada a un criterio estructural, terminó moldeando sin quererlo un nuevo capítulo de la ciudad. Madrid ganó una colección dispersa de monarcas de piedra que abandonaron las alturas para convivir a ras de suelo con vecinos, paseantes y turistas. La ausencia de estas estatuas en la fachada del Palacio Real —que hoy luce más sobrio y equilibrado— se convirtió así en una presencia alternativa: una galería al aire libre repartida por parques, plazas y jardines.

Esa es la paradoja que late tras esta historia: lo que nunca se colocó también forma parte del patrimonio. Y por eso, este episodio invita a recorrer una ruta sonora que une cada una de estas figuras dispersas. Un itinerario que comienza en la Plaza de Oriente, continúa por los Jardines de Sabatini, se expande hacia el Retiro y, si uno quiere, se prolonga hacia otros rincones de España donde también descansan estos reyes errantes. Una ruta para redescubrir Madrid a través de lo que pudo ser y no fue, pero que aun así dejó huella en la ciudad.

🎧 Escucha el episodio completo en Spotify:

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