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Un país que no hay por dónde cogerlo

martes 11 de mayo de 2021, 11:17h

Este país nuestro no hay por dónde cogerlo, aunque nos duela, perturbe o avergüence. Arrastramos, como una pesada losa, el déficit de civismo, el pasotismo y la irresponsabilidad, fruto de una educación lastrada por el continuo bamboleo de los planes de estudio, sujetos a la gravedad de las ideologías cambiantes, en función de los intereses creados o pactados. La falta de respeto hacia las personas, las cosas y el orden se acrecientan en tiempos delicados para la sanidad pública y la economía, herida de muerte por un virus y por la ineptitud de algunos irresponsables con cargos de responsabilidad muy bien remunerados.

Miles de personas, especialmente jóvenes, salen a la calle en las grandes ciudades para celebrar el fin del estado de alarma. Y lo hacen como si se tratara de una Nochevieja frustrada donde se despide al año viejo. Y a falta de año caducado, se despide a una pandemia que desgraciadamente sigue entre nosotros, porque el bullicio, las birras, las litronas y el aquelarre de provocaciones al coronavirus esconden una realidad lamentable: el bichito asesino no se ha ido y algunos juguetean con él.

El pasado fin de semana, miles de irresponsables se echaron a la calle, como si de una fiesta de fin de año se tratara; eso sí, cambiaron las uvas por latas de cerveza y gritaron: “¡Libertad!, ¡Libertad!… Libertad para poder contagiarse mejor, más fácilmente, sin guardar la distancia, ni ponerse la mascarilla para así tener más acceso al virus.

Mientras unos exteriorizaban “libertad” en las calles, otros estaban privados de libertad en las UVIs de un hospital; mientras algunos se ponían por montera las medidas de seguridad, otros estaban conectados a respiradores; mientras unos apuraban las litronas hasta la última gota, otros apuraban el oxígeno que les tenía conectados a la vida; mientras unos celebraban el cese del estado de alarma, otros morían en soledad familiar, a pesar de los cuidados intensivos.

La inmunidad de rebaño es engañosa. No existe, por el momento, esa inmunidad, pero sí el rebaño, la panda de borregos que salen a la calle para despedir una pandemia que merodea por su cabeza hueca de sensatez.

Y a tales cafres, políticos de demostrada insolvencia. Pedro Sánchez decide no prorrogar el estado de alarma y, casi al mismo tiempo, su gobierno anima a las Comunidades Autónomas a pedirla. Lo dice el ministro de Política Territorial, el bailongo Miquel Iceta.

Lo dicho: este país nuestro, por mucho que nos duela, no hay por dónde cogerlo.

Ángel del Río

Cronista Oficial de Madrid y Getafe

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