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El poder de la ignorancia

Por Víctor Manuel López
jueves 31 de marzo de 2022, 09:24h
Actualizado: 31/03/2022 09:52h

Ignorare, de latín ‘no saber’.

El ser humano es definido vulgarmente como el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Dos, tres, cuatro, o las que hagan falta. La historia nos lo demuestra constantemente pero la corrección parece que no llega nunca.

La contaminación medioambiental del Planeta, los conflictos armados, los desequilibrios económicos, la pobreza… Parece que todo sigue y nada cambia, y hoy, hoy ya se habla de un posible Tercera Guerra Mundial. Que tristeza!

El individualismo, agudizado por un capitalismo voraz, conduce a las sociedades presentes y futuras a la polarización, a la crispación social y a la hecatombe de la humanidad.

Nuestros jóvenes, nuestros jóvenes adultos, han pasado de ser la esperanza a ser la frustración. ¿Qué futuro les depara? Las personas que dirigimos las regiones, las empresas o las organizaciones lo estamos haciendo mal, estrepitosamente mal, y las consecuencias perniciosas en cuestión de décadas van a ser terribles. La especie homo sapiens se encuentra, una vez más, en una difícil encrucijada donde nadie sabe hacia donde caminar sin que medie un gran conflicto.

Los liderazgos, hoy se fundan más en el populismo que en la meritocracia y la capacidad. No me imagino que vería Don Rodrigo Díaz de Vivar en los actuales líderes de esta España de hoy, y como aquellos burgaleses en el Cantar del Mio Cid hago mío el verso de: Que buen vasallo sería “yo” si tuviese un buen Señor…Pero tan solo soy un Alcalde que ve como la ignorancia se ha convertido en la herramienta del poder. Tenemos tanta información que nos ha llevado a la desinformación. Han ultra saturado nuestro cerebro. Demasiada información para tan poca educación (formación intelectual). Necesitamos librepensadores que lideren la política de las ideas y no demagogos que nos conduzcan a confrontación de las ideologías.

Así que, solo hay dos caminos para revertir esto; Uno, que los cambios vengan desde arriba (soluciones aportadas por los liderazgos políticos/económicos); o dos, que los cambios se produzcan desde abajo (revoluciones o movilizaciones sociales drásticas). Parece que estuviésemos jugando a la ruleta rusa, y no con un revólver sino con una cabeza nuclear.

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