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Prostitución y Covid

miércoles 23 de septiembre de 2020, 07:56h

María recoge a sus hijos del colegio. Pasan un rato juntos y los acerca a casa de su madre. Ellos no saben lo que hace. La vergüenza y el miedo a que la señalen sus vecinos hace que mienta y les diga que limpia oficinas. Pero a donde va cada noche es al club. Un antro en el que aguanta a babosos que la invitan a copas para negocio de su jefe. Y donde, en una de las habitaciones de arriba, los que la elijan tendrán sexo con ella. Sexo duro, con “cosas” que han visto en el porno y que duelen en el cuerpo y el alma de María. Pero no le dejaban otra opción. Y no es la primera vez, hace doce años perdió su trabajo y no le salía nada. Ahora sobrevivía atendiendo casas y ancianos. Cobraba en negro. Iba tirando. Con el coronavirus se ha quedado sin nada. Las citas con la trabajadora social tardan mucho. Y el periplo para cobrar alguna ayuda es largo. Pero sus hijos tienen que comer. Y no puede quedarse en la calle. Eso no.

María está sola. Eso tampoco es motivo para recibir apoyo. Su madre se desvive, estirando su pensión de viuda. Y María sufre pensando en si sus hijos le pegarán el bicho mientras los cuida para que ella vaya al club. No queda otra. Coge el metro, lleno de gente con mascarilla. Y atraviesa Madrid hasta llegar a una zona “bien” del centro. Allí se encuentra con sus compañeras, como Carine, que llegó de Brasil huyendo de la pobreza. Pero que descubrió, nada más aterrizar, lo falsas que eran las promesas de un trabajo como camarera. Le comenta que pronto la mandarán a un local de Galicia. Los clientes se cansan de ver los mismos cuerpos. Acaba la noche, se ha dado bien, seis clientes. Podrá pagarle a su jefe el “alquiler” de la habitación y que le quede para ella. El club estaba a reventar. Con la pandemia han cerrado las discotecas, y chavales que nunca habían venido, se acercan a tomarse la copa. Y, ya que están aquí, lo que surja. María vuelve en el primer metro de la mañana a su barrio, confinado. Le da pena no poder llevar a sus hijos al parque, era el mejor rato del día. Ruega en silencio, ya no sabe a quién, que uno de esos tipos que la compran cada noche no le pegue el virus. Y aumente la deuda con el jefe. Y no pueda dar de comer a sus niños.

Lorena Morales

Secretaria de Igualdad PSOE-M y Portavoz Socialista en la Comisión de Mujer Asamblea de Madrid.

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