Profesional 1:
Barrio de Lavapiés, fría y húmeda mañana que otorgaba una escala de grises plomo a las calles Amparo, Mesón de Paredes, Ave María... nuestro deambular por los adoquines encharcados, en el barrio más ecléctico de Madrid con aroma a curry, cúrcuma y vieja maleta de rastro con tiras de cuero y hebillas de bronce nos conduce a la Plaza Nelson Mandela. Allí un hombre altísimo, piel color ébano, olor a dandy moderno, elegantemente vestido y unos cuarenta años, nos saluda y entrega una tarjeta de visita; donde se lee: agente inmobiliario. Nunca pude presuponer que ese día conocería al auto-proclamado “alcalde de Lavapiés”.
Aquel hombre tenía todo una estructura mercantil en base a las deficiencias normativas y jurídicas del sistema, en cuanto a la protección de la propiedad individual y de la vivienda. Un emporio sin empleados, ni cuotas, ni autónomos pero contando con la participación de agentes colaboradores con los que repartir “la tarta”. Aprovechando los déficits que respaldan la okupación, sumándose interesadamente a ciertas corrientes simpatizantes con la misma y la creciente demanda de vivienda por sus compatriotas y demás vecinos de Continente, configuraban la mejor cuenta de resultados para el “alcalde”.
Al poco de la conversación, la proposición... ; localizar viviendas vacías o cuyos propietarios pasaran tiempo sin estar en sus hogares. Esa labor, por supuesto, estaría gratificada y doblemente si además se poseyera llaves de la misma. Una vez identificadas, se producía la patada a la puerta, el cambio de bombín con algún cerrajero “colaborador” y el alquiler por camas, que no habitaciones a sus paisanos de Continente. El precio; entre los 150 y los 250 euros por cama en viviendas donde sus poco más de cincuenta, sesenta metros albergaba de siete a diez camas. Las cuentas son sencillas y, desde luego, nada desdeñables.
Que alguien, alguna figura institucional, llamaba a la puerta de dicho hogar okupado, solo entre abriría un menor de edad y, a ser posible, extranjero para aún más seguir dilatando las fallas del sistema y prolongar cualquier proceso en pro de la desokupacion. Que, por algún motivo, propietario, inmobiliarias, “matones” de discotecas reconvertidas en “libera hogares”, aparecían; pues nada, se negociaba una salida voluntaria y pacífica de la vivienda entre los mil y los tres mil euros, a la vez que el “alcalde” buscaba una nueva vivienda, una nueva patada, un nuevo hogar mancillado para sus “inquilinos” y a seguir haciendo “rin-rin”.
La tarjeta de visita desde luego era acertada, aunque se antojaba algo escasa en la descripción profesional como agente inmobiliario quizás un: profesionales de la okupación, hubiera venido mejor.
Profesional 2:
mayo del 2018, a nuestra agencia inmobiliaria de la Calle Atocha, casi con Jacinto Benavente, entra Francisco, propietario de una vivienda en la calle Mesón de Paredes. Fruto de su confianza en nuestra gestión como intermediarios inmobiliarios, comenzamos a vender su vivienda okupada por una pareja; un casi septuagenario y su pareja de unos cuarenta.
Aún recuerdo la mañana que me entrevisté con la pareja okupa, quienes firmaron un contrato con el compromiso de abandonar la vivienda a cambio de mil euros. La alegría del acuerdo rápido, hizo que me “viniera arriba” y llamase de inmediato a Francisco.
Mi octogenario propietario, veía, como la inversión en esa vivienda, fruto del esfuerzo de toda una vida, cobraba sentido y veía el horizonte de su venta con la subsiguiente donación -en vida- a sus hijos. Una etapa más que veía con sumo optimismo y ansiedad.
Cobrados los mil euros acordados hizo que la pareja okupa mostrara su verdadera cara. El alma más ruin y estafadora compartiría colchón refugiándose en la enésima falla de un sistema que no defiende la propiedad. El siguiente actor que intervino, aún sería más grotesco. Un personaje precedido por ser ex-boxeador, ex-legionario, ex-portero y seguramente ex-preso. Su vitola era ser rudo, muy rudo, YouTuber, instagramer y, según él, el nuevo azote de los okupas más radicales y peligrosos cuya ideología todos conocemos.
A dicho “personajillo” se le olvidó decirme con tanto “like” y tanto vídeo en YouTube que era el “profesional 3” de estas historiejas, tristemente reales. Un artista de la mediación que antecedía la capacidad de un nuevo pacto económico, en su beneficio, con los okupas, antes de preservar y proteger los supuestos intereses de su cliente propietario que, por supuesto, también pagaba una buena minuta proporcional siempre, no a la dificultad del caso, sino al grado de desesperación del cliente, cara de “panoli”o urgencia en la desokupacion.
Su pacto por la espalda, yendo a medias en la tarifa extorsionadora con los okupas, conforme al nuevo pago a satisfacer por mi Francisco, me retrataba claramente un perfil del susodicho que no aparecía en las redes, que carecía de “likes”, pero que era la triste realidad de otro más sumado a los pingües beneficios de la okupación.