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The End

sábado 20 de junio de 2020, 12:08h

Último Sábado del Estado de Alarma, Último Sábado de la Primavera y durante unos minutos primero del Verano.

Hoy se cumplen 99 días del Estado de Alarma. Y esta noche a las 00:00 salimos de él poniendo fin a esta particular cuenta atrás. Y terminamos estos casi 100 días con una última comparecencia de Fernando Simón en la que sin sofocarse lo más mínimo ha confesado que Es verdad que nos quedan 13.000 muertos ahí pero no sabemos dónde ubicarlos. Así como lo leen. Trece mil personas fallecidas con sus nombres y apellidos. Con el dolor de sus familias. Pero que no saben dónde ponerlos. Y todavía hay quien se tatúa su cara ¡En fin!

Y esta noche hay un final pero también un principio. Esta noche a las 23:44 comienza el verano. Un verano atípico pero que hoy nos regalará el día más largo del año.

El 14 de Marzo comenzaba una situación excepcional que sin duda va a marcar a varias generaciones. De repente cuando vivíamos felices, preparando nuestras vacaciones de Semana Santa y ajenos a aquello que pasaba en otro continente, a miles de kilómetros, eso que nos decían que era poco más que una gripe para la que estábamos preparados se tornó en pandemia mundial y nos confinaron en nuestras casas. Se declaró el Estado de Alarma y con él perdimos nuestras libertades. Y entonces los niños no pudieron ir al colegio ni a las guarderías y los mayores comenzaron a teletrabajar, algo impensable una semana atrás. Y se acabaron las clases presenciales. Y se cerraron los parques y los cines y los teatros y los museos y las tiendas y los centros comerciales y las empresas y los restaurantes y los bares... Y nos prohibieron viajar Y no podíamos quedar a comer, ni siquiera a tomar una cerveza. Y comenzamos a vivir en soledad con ausencias, sin ver a los nuestros. Sin tocarnos, sin besarnos, sin ni siquiera rozarnos. Nuestra necesidad de piel no le importó a la pandemia. Nos obligó a vivir distanciados y a ver la vida desde la ventana y a través de una pantalla. Y lo único que se oía en las calles era el silencio, interrumpido cada tarde a las 20h para aplaudir a los que cada día arriesgaban su vida para salvar las nuestras en hospitales colapsados y sin materiales.

Y empezamos a usar un nuevo vocabulario curva, escalada, desescalada, hibernación de la economía, COVID 19, pandemia, confinamiento, epis, respiradores, distanciamiento social, nueva normalidad, coronavirus...Y comenzamos a escalar y a desecalar. Y empezamos saliendo a hacer la compra y después a correr y a pasear. Y nos acostumbramos a vivir en fases. Y pasamos miedo y dolor mucho dolor porque cada día se contagiaban miles de personas y morían sólos sin sus familias, a las que privaron de lo más íntimo, despedirse de los suyos. Y cambiamos nuestros complementos por guantes de látex y mascarillas. Y nuestro perfume por gel hidroalcohólico. Y había comparecencias oficiales con versiones, rectificaciones, unos y otros. Y el Presidente del Gobierno tenía su propio espacio en la tele los fines de semana. Y redescubrimos colores y sonidos de la naturaleza, incluso nos redescubrimos a nosotros y tuvimos tiempo de resetearnos.

Y nos acostumbramos a vivir en la incertidumbre, con la certeza de que la vida era imprevisible y que lo único que nos hacía saber que estábamos vivos era el cambio. Ese que nos sacudía y despertaba en nosotros un espíritu de supervivencia y de resistencia que desconocíamos. Y durante casi cien días vivimos en una montaña rusa de emociones, contando cada noche a los nuestros pidiendo que no nos faltara ninguno. Y soñamos con el final para poder empezar. Soñamos con los reencuentros con los abrazos, con los besos, con la piel. Con construir nuevos recuerdos y disfrutar de infinitas primeras veces...

Por eso, cuando esto pase... no solo pasará, sino que a partir de esta noche ya habrá pasado... Y seremos conscientes de que como siempre, todo tiene un principio y un final, incluso la propia vida.Y que los finales siempre son principios. Y que termina el Estado de Alarma pero el coronavirus se queda con nosotros para seguir recordándonos nuestra fragilidad y que no todo lo tenemos bajo control. Y viviremos enmascarados y distanciados pero ilusionados y mirándonos a los ojos. Porque aunque no sabemos si saldremos mejores y no saldremos más fuertes porque se quedan muchos por el camino, si saldremos más conscientes y dándole importancia a lo importante y valorando los instantes, esos que componen nuestra felicidad. Y recordaremos que hubo un virus que nos hizo temer a la muerte pero que a la vez nos enseñó a vivir sin sobrevivir.

¡A vivir sin miedo a la vida!

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