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¡Hazlo!

domingo 26 de abril de 2020, 08:32h

Último Domingo del mes de Abril.

Este Domingo estaba pensado para ser el primer Domingo de la feria de Sevilla. Pero una vez más, comprobamos que la COVID 19 no es muy de celebraciones. Ya nos ha quitado unas cuantas: las Fallas, La Semana Santa, La Feria de Abril, San Isidro, Los Patios de Córdoba, La Tomatina, Los Sanfermines. Romerías, Las Ferias Taurinas... Y todo apunta a que este verano se seguirán suspendiendo Ferias y Fiestas... Celebraciones que planificábamos con ilusión. Guardábamos esos días de vacaciones con muchísima antelación con el anhelo de juntarnos con amigos, familia, divertirnos, compartir... Esas tradiciones tan nuestras y que en muchos casos, eran el único momento del año en el que disfrutábamos de esos reencuentros.

Y me viene a la cabeza esa frase que dice algo así como que la vida es lo que pasa mientras haces planes. Y aunque nunca le había hecho mucho caso, ahora puede que tenga sentido. Teníamos tantas ilusiones, tantos proyectos, tantos planes... Que ahora estamos perdidos. Estamos viviendo una vida que no parece la nuestra, pero que es la vida que tenemos y por tanto, la que nos toca vivir. Y eso parece que eso no es negociable. Y esto me hace pensar en cuántas cosas dejábamos para luego... Una llamada, un café, una cerveza. Un viaje, estudiar, quedar, estrenar ropa, abrir una botella de vino. Y eso por no hablar de las decisiones, esas que siempre se quedaban para después. Siempre estamos buscando el momento óptimo. Le damos tantas vueltas, que en muchas ocasiones, es más lo que perdemos por ese miedo a perder.

Y es ahora cuando nos planteamos si de verdad existe el momento adecuado, el momento perfecto... Porque puede, que cuando vayas a abrir ese vino que tenías reservado para una ocasión especial esté picado y no lo puedas beber, ni compartir que era lo bonito. Y te estropeé ese momento. Y lo mismo que pasa con el vino, puede pasar con otras muchas cosas que no hacemos por no atrevernos, por dejarlo para luego, por poner tantos condicionantes que es mejor desistir que hacerlo. En esta situación de confinamiento, de incertidumbre, de miedo, de anulación de nuestra voluntad, de pérdida de libertad. Es cuando nos damos cuenta de lo efímera e imprevisible que es la vida. Que teníamos equivocado el concepto, que no se trata tanto de planificar la vida sino de vivirla. De vivir lo que realmente quieres, no sólo lo que proyectas. Que por supuesto hay que tener planes, ilusiones, metas... Pero que también hay que tener presente, porque es lo único cierto. Porque si lo quieres hacer y no lo haces, puede que la vida te tenga guardado otro plan y ya no lo puedas hacer.

Por eso cuando esto pase, que pasará... Recordaremos que hubo un virus que acabó con nuestros planes y que cuando necesitábamos certezas sólo encontramos incertidumbre. Y que queríamos volver a planificar, a ilusionarnos, a reservar fechas en nuestro calendario, pero teníamos la sensación de sólo tener pasado. Porque no nos atrevíamos a pensar en un futuro. Y en este encierro forzoso e involuntario, pensamos en todas las cosas que habíamos dejado para después. Y nos entristecía recordar los encuentros que dejamos para otro momento. Todas las vueltas que le dábamos a lo que queríamos hacer y no hicimos, engañándonos con el ahora no puede ser. Todas las decisiones que no fuimos capaces de decidir. Y fue entonces, cuando fuimos conscientes de la importancia del presente. Del ¡Hazlo! De que quizás, estábamos equivocados y no existía el momento perfecto. De que la vida imrovisa.

Fue entonces, cuando caímos en la cuenta de que a veces, el futuro es hoy.

Esther Ruiz

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