viernes 08 de agosto de 2008, 00:00h
Actualizado: 13/08/2008 10:20h
Llamarse Antonio, Fernando, Manuel o Jesús ya no se lleva. Ni Maripili, ni Carmen. Ahora son otros los nombres que “pitan” en Madrid. Concretamente, según los últimos estudios, los elegidos en más ocasiones por los madrileños en el último año para nombrar a sus retoños han sido los de Daniel, para los niños, y Lucía para las niñas.
La televisión influye: los “Hugo” han aumentado tras el éxito de un programa de baile en el que uno de cuyos protagonistas llevaba este nombre. Y entre las féminas, el apelativo que se ha hecho con el liderazgo indiscutible –y así desde hace varios años- es “Lucía”. Y le siguen, aunque a distancia, otros nombres muy bonitos y, reconozcámoslo, mucho más de fotonovela que las clásicas “Maripepa” o “Ramona”: Paula, Irene, Claudia, Sofía, Alba…
Entre los más pequeños apenas hay “isidros”, “felipes” y, muchísimo menos, “hilariones”. Y ni que decir tiene que “castas”, aunque las haya, no se llama ya casi nadie. Los tiempos adelantan que es una barbaridad, y el exotismo –o lo que algunos interpretan como tal- toma cuerpo en apelativos tan poco de aquí como “Shakira” o “Chenoa”. En el caso de los varones, el fútbol sigue siendo una fuente de inspiración casi infinita: ¿a que no adivinan qué nombre de chico es el rey, en este año de victoria de la Eurocopa? Efectivamente, “Iker”.
La evolución, también en los nombres propios, es lógica y en absoluto criticable. Sobre todo, porque como dice el refrán, para gustos están los colores. Ya no hay “simeones”, ni “basilios”, ni apenas “octavias”, “clementinas” o “ciprianas”. Son apelativos casi para el olvido. Hasta que la moda marque un “remake”.