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No doy crédito

No doy crédito

Por Juan Luis Jaén
jueves 01 de febrero de 2007, 00:00h
Actualizado: 10/10/2007 11:36h
 

 

Leo en la portada de madridiario que el vicepresidente del gobierno de la Comunidad de Madrid ha decidido “inhabilitar” por su cuenta (o por la de todo el gobierno, lo que sería aún más grave) al dirigente sindical de la UGT, José Ricardo Martínez, para cualquier negociación hasta que no rectifique sus palabras. No sé ni quiero entrar en las palabras, porque he escuchado demasiadas barbaridades en la Asamblea o en las ruedas de prensa de Consejos de Gobierno de la Comunidad sobre el Gobierno de la Nación o sobre los oponentes políticos de izquierdas como para asustarme ahora con lo que pudiese decir José Ricardo Martínez. Simplemente me gustaría recordar que a los dirigentes sindicales no los eligen ni los patronos ni los gobiernos sino sus representados, los trabajadores o afiliados al sindicato correspondiente. Que es tan absurdo e inútil pretender “inhabilitar” a uno de ellos como sería hacer lo mismo por parte de los sindicatos.

 

Al señor González puede parecerle fatal el informe, caerle mal el susodicho sindicalista, o decidir que no le gusta su pinta cuando va a las reuniones, si llegara el caso, pero NUNCA puede vetar a quien se sienta en el lado contrario de las mesas de negociación. Si fuera así nos encontraríamos con que todo está amañado a priori. Pero, claro, dado que el talante de los dirigentes del PP es habitualmente el de una guerra encubierta contra todo lo que no les gusta, no me extraña que ante las críticas quieran negar el pan y la sal a sus enemigos de clase. Es como si a los sindicatos no les gustasen los representantes de la CEOE y se negasen a sentarse a su mesa.

Así, se puede llamar “asesino” al, presidente del Gobierno de España en manifestaciones promovidas por el PP o su organización aneja denominada “AVT” y sus participantes perseguir insultando a ciudadanos corrientes que llevan bajo el brazo un periódico que no les complace y otras nimiedades por el estilo, sin que los dirigentes del PP reprendan tal comportamiento ni sean capaces de comprender, a pesar de los años pasados y de lo que tuvimos que “olvidar” respecto a los crímenes del franquismo cuando pasamos la Transición para que las derechas retrógradas de siempre aceptaran el juego democrático aunque fuese porque no les quedaba otro remedio. Lo último que puede perder un demócrata son las formas.

Somos muchos quienes al ver lo que ocurrió en la Asamblea el día del “tamayazo” nos quedamos pasmados con la alegría que se veía en los bancos populares, cuando aquello era algo que debería haber escandalizado a cualquier demócrata de verdad. Jugando limpio no tendrían que haberse aprovechado de la traición de ese par de ausentes. Sólo a Ruiz Gallardón se le veía preocupado y tal vez indignado, se dijo, pero detrás del banco del gobierno de entonces la algarabía daba vergüenza ajena.

Ahora nos sale el vicepresidente del gobierno de Esperanza Aguirre con un exabrupto que se salta las reglas democráticas de la negociación entre partes distintas e independientes. Y eso sí que es inaceptable.

Por cierto, yo no estoy afiliado ni a la UGT ni a CCOO, aunque lo estuve en los años 70 y 80, época en que me tocó ir a negociar con dirigentes de la patronal bancaria que eran del Opus Dei y no se me cayeron los anillos, ni siquiera en unos tiempos en que decir que se estaba en un sindicato podía suponer desde el despido a la detención. Sólo que nosotros sabíamos lo fundamental de una negociación.

Piensen, por favor, señores de la derecha, que esas actitudes tendrían que estar ya periclitadas en un país democrático.

El Metronauta

 

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