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Una bienvenida sin traumas

Una bienvenida sin traumas

Por Celia G. Naranjo
lunes 28 de julio de 2008, 00:00h
 Cuando un chaval ingresa en un centro de reeducación y reinserción, se pone en marcha un protocolo para que se adapte lo antes posible a la vida que le espera durante los meses siguientes. El objetivo consiste en informarle pormenorizadamente de su situación, del reglamento interno del centro y de su plan de reeducación, y convertir su llegada al centro en una experiencia lo menos traumática posible.
"Hay que tener en cuenta que solo tienen entre 14 y 18 años. Solo son adolescentes y están asustados, sobre todo aquellos que se enfrentan a su primera medida judicial. La mayoría se derrumban en mi despacho", explica Pablo Justo, director de El Pinar II, gestionado por Fundación Grupo Norte. En cualquier caso, añade, "es raro el chaval que antes de ingresar en El Pinar no ha estado sujeto a alguna libertad vigilada o ha realizado alguna prestación en beneficio de la comunidad".

Pero ingresar en un centro de régimen semiabierto o cerrado ya es otro cantar. "Pueden llegar con una medida cautelar o firme, en ocasiones acompañados por la policía, o bien derivados de otro centro, con un educador", explica José Antonio Morales, director técnico del Teresa de Calcuta, gestionado por GINSO. Algunos lo hacen cargados de pertenencias y otros prácticamente con lo puesto, pero siempre se les proporciona ropa y enseres nuevos, con todo lo necesario para su higiene personal y para la vida del centro. Sus objetos personales quedarán cuidadosamente guardados hasta que concluyan su medida.

Después, se les conduce a su habitación. Allí, el menor tendrá ocasión de hablar con su familia. Es la 'llamada de acogida', en la que también el personal del centro habla con los parientes del chaval para explicarles la situación, notificarles lo sucedido en caso de que lo desconozcan. A lo largo de las horas siguientes se le asignará un educador-tutor y pasará un reconocimiento médico, además de ser recibido personalmente por el equipo directivo.

"Es importante darles confianza", apunta Colombina González, subdirectora de Los Robles, centro gestionado por Fundación Diagrama. "Muchas veces son reacios a hablar y es normal que necesiten desahogarse, pero poco a poco, cuando van viendo que les apoyamos, se van abriendo", añade.

Otra de las prioridades es aclarar todas sus dudas. El reglamento de cada centro, editado por la Agencia para la Reeducación y Reinserción del Menor Infractor, está disponible en todos los idiomas, para llegar a aquellos menores que no sepan leer en español. También se les aclaran todas las dudas. "Les cuesta bastante entender qué es una medida judicial y cuál es su situación real", apunta Pablo Justo. "Además vienen con miedo por las ideas preconcebidas que existen sobre los centros de menores, pero pronto comprueban que son falsas", añade.

Así, poco a poco, durante las primeras 48 horas, el menor se va incorporando a las actividades normales: asiste a alguna clase o a algún taller y recibe frecuentes visitas de los educadores. Finalizado ese período, por lo general, comienzan a hacer la 'vida normal', a afrontar su proceso de reeducación que durará algunos meses, dependiendo de cada caso.
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