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Lazarillos de los adolescentes

Lazarillos de los adolescentes

Por Celia G. Naranjo
lunes 05 de mayo de 2008, 00:00h
Van 'a la caza' de jóvenes con problemas y también atienden a aquellos menores que les derivan los servicios sociales. Un grupo de profesionales del Ayuntamiento se dedica a guiar a adolescentes en su tránsito de la niñez a la vida adulta.
Se trata de menores de entre 12 y 18 años en situaciones difíciles, ya sea porque tengan problemas familiares, un entorno conflictivo, problemas de absentismo escolar, duelo migratorio o sufran o ejerzan algún tipo de violencia, no necesariamente física. El abanico de posibilidades resulta amplio, pero todos tienen en común las complicaciones adicionales en una etapa de su vida ya de por sí turbulenta. A veces también les llega algún chaval que acaba de concluir una medida judicial, "normalmente porque ya hayamos intervenido con él antes de la medida", explica Nuria Manzano, coordinadora del programa.

El equipo del Programa de Apoyo y Seguimiento Socioeducativo a Adolescentes en su Medio de Convivencia, dependiente del Área de Familia y Servicios Sociales del Ayuntamiento de Madrid, atendió el pasado año a 129 adolescentes de los distritos de Latina, Usera, Carabanchel y Villaverde. "Este centro en concreto tiene capacidad para 80 chavales, y en ese trabajo en red con los recursos del barrio podemos captar a menores que no van a los servicios sociales y no están identificados", explica Amparo González, jefa de Prevención del Departamento de Infancia y Adolescencia.

La complejidad de la intervención con estos menores y su propia forma de vida imponen un método de trabajo flexible. El menor puede acudir a una cita en la sede que la Asociación Centro Trama, que gestiona el proyecto, tiene en Villaverde, pero los trabajadores también pueden desplazarse al parque donde queda con sus amigos, a su casa o a su instituto para recabar información. De esta forma, recaban la información suficiente para poder diseñarle un plan individualizado de atención.

Este plan puede incluir desde la asistencia a una de las actividades socioeducativas del centro de día hasta sesiones de orientación sociolaboral, de educación sexual o psicológicas. "Incluso si a un chaval le gusta jugar al fútbol, le buscamos un sitio cercano a su domicilio donde pueda hacerlo", dice Manzano, "ya que trabajamos en red con todos los recursos del distrito". "La idea es convertirnos en sus adultos de referencia", añade Manzano. "De esta forma, si el menor tiene algún problema —sus padres lo han echado de casa o se ha quedado embarazada, por ejemplo—, podemos acudir o acompañarlo a cualquier lugar.

La colaboración con la familia resulta fundamental en el proceso, que se prolonga una media de 18 meses. A veces, sin embargo, esta o el propio menor se resisten a la intervención. "Nosotros buscamos todas las estrategias posibles para acercarnos al chaval y a su entorno, pero a veces la resistencia es tan fuerte que tenemos que darle de baja por imposibilidad de intervención", explica Manzano.

Duelo migratorio
Uno de los problemas más comunes en los jóvenes atendidos por el programa es el duelo migratorio. "Muchos de ellos se han quedado siendo niños en sus países de origen y han venido a España, sin que se tenga en cuenta su opinión. Y a los padres les faltan años de práctica: su única experiencia como tales consiste en el cuidado de un niño pequeño. Así que no son capaces de controlar a sus hijos, que además están en plena rebeldía adolescente", dice Manzano.

Las cosas se agravan si los padres tienen que trabajar de sol a sol, aunque estos problemas, explican los trabajadores del programa, son comunes tanto para extranjeros como para españoles. "Incluso se dan casos de chavales que no pueden acudir a una cita o a las actividades porque se ve obligado a cuidar de sus hermanos", dice Manzano.
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