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Globalización

Globalización

viernes 11 de abril de 2008, 00:00h
Actualizado: 22/04/2008 12:26h
La globalización tiene la culpa de todo. La globalización es una nueva realidad que rebasa nuestras fronteras y sobre la que tenemos poco que decir, muy poca capacidad de actuar. La globalización es, para unos pocos, la condición de todos los bienes que disfrutamos y para muchos la causa remota de todos nuestros males.

La coartada de la globalización es muy útil para cuantos quieren tener manos libres para sacar el mejor provecho posible de las desigualdades y para cuantos, denunciando las desigualdades, estarían de acuerdo con cualquier cambio que no alterase su forma de vida.

La globalización es culpable del cambio climático y de que los niños sean consumistas. De los bajos salarios y de que la sanidad no funcione todo lo bien que nuestra salud exige. De la vida endiablada en nuestras ciudades o del aumento del desempleo.

Que vivimos en un mundo globalizado es un axioma incuestionable. Que las fronteras nacionales se encuentran cada vez más difuminadas y que lo mundial, lo continental y hasta lo local ganan peso es también una evidencia. Que la riqueza no tiene fronteras y los productos tampoco, evita constatar que los trabajadores se mueven por el planeta al dictado de los capitales. Que la apertura del comercio exterior y la creciente globalización favorecen una competencia internacional en la que las economías de los países emergentes cuentan con una ventaja comparativa basada en costes laborales inferiores y que juega en contra del peso de los salarios en la riqueza nacional son hechos evidentes, que se ven ratificados en sectores económicos más expuestos a la competencia internacional, ya sea fabricación de material de oficina, equipos informáticos, material eléctrico y electrónico, equipos médicos y de precisión óptica, o bienes intermedios.

La globalización es una realidad que debemos tomar en cuenta, un factor determinante y condicionante. Las respuestas a la globalización son diversas. No hay una vía única para moverse en un mundo globalizado. En general les va mejor a aquellos países que apuestan por la calidad de sus productos y servicios, la estabilidad de sus salarios y por políticas públicas que aseguran derechos ciudadanos y cohesión social.

La globalización no es una condena sino una nueva manera de ser y estar en el mundo. Obliga a trabajar lo local, al tiempo que reforzar nuestro trabajo internacional. Obliga a utilizar nuevos medios y nuevas herramientas. 

La globalización no es la justificación para la inacción, ni la coartada para la desigualdad.

La globalización no nos condena a aceptar que la corporación sustituya a la persona, ni el capital al trabajo. Situar los derechos ciudadanos, la libertad, la igualdad y los valores del trabajo en el centro de las sociedades es lo mejor que el sindicalismo mundial puede aportar a este planeta globalizado.

Javier López

Patrono de las Fundaciones Abogados de Atocha y de la Sindical Ateneo 1º de Mayo

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