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15 años sin Marcelino Camacho

Por Francisco Naranjo Llanos
martes 28 de octubre de 2025, 11:49h
El 29 de octubre de 2025 hace 15 años que nos dejo Marcelino Camacho. Este es mi particular recuerdo y homenaje a su persona.
Ya estás aquí de pie
con esa forma tuya de enseñarnos,
dos pasos adelante y uno atrás
sí es necesario.
Se trata de luchar
teniendo como alma la verdad.
(De la canción “Marcelino, que Víctor Manuel dedico a Marcelino Camacho)

Cuando el cantante Víctor Manuel creo y dedico esta canción a Marcelino Camacho fue en el año 1976. En aquella época estábamos viviendo en España lo que se ha llamado "la transición" y hasta un año después, abril de 1977, no se legalizaron los sindicatos democráticos, cerrándose así una larga etapa de represión sindical y política.

Marcelino Camacho Abad, nació en La Rasa, (Soria), el 21 de enero de 1918 y murió en Madrid a la edad de 92 años, el 29 de octubre de 2010. Hijo de Guardagujas y de Guardabarrera, trabajo cerca de un año en el ferrocarril, en la línea de Valladolid a Ariza, en concreto en la estación de Osma-La Rasa (Soria). Ingreso de Aspirante a Factor en 1935 y fue el golpe de estado de julio de 1936 el que hizo que Marcelino no fuera ferroviario de pleno derecho.

A raíz del golpe de estado, junto a otros ferroviarios, cortó las vías del tren para impedir el avance franquista. Durante los tres años de la guerra civil lucho en el bando republicano. Al finalizar la guerra fue juzgado por ir voluntario a defender la República y condenado a trabajos forzados en diferentes lugares. En 1944 se fuga y se marcha a Argelia, donde conocería a Josefina Samper con la que se casaría en 1948.

En 1957, tras ser indultado, regresó a España y comenzó a trabajar de metalúrgico en la Perkins. Fue elegido representante sindical de los trabajadores de su empresa y fue uno de los impulsores de las CCOO clandestinas. Por sus actividades sindicales y políticas fue encarcelado a partir de 1967 en varias ocasiones. Salió indultado a finales de 1975, tras ser condenado en el Proceso 1001, o “Los diez de Carabanchel”, proceso judicial, en el que la dictadura franquista juzgó a la dirección nacional de CCOO, condenando a sus dirigentes a 164 años de prisión.

Aun en la clandestinidad, el 11 de julio de 1976, en la Asamblea Nacional de CCOO en Barcelona, constatada la imposibilidad de crear un sindicato unitario, que era la propuesta de CCOO, se decide dar el paso de movimiento a organización sindical y se propone la creación de la Confederación Sindical de Comisiones Obreras y pocos meses después se elige a Marcelino Camacho coordinador general del sindicato.

Las resoluciones de la Asamblea de Barcelona, culminaron, en junio de 1978, con el primer congreso de CCOO, congreso en el que fue elegido como secretario general Marcelino Camacho, cargo que ostentó hasta 1987. Después y hasta 1991 continuo en la dirección confederal como presidente de honor, así como toda su vida en CCOO y en el PCE.

Como decía antes, Marcelino falleció el 29 de octubre de 2010, siendo velado en el Auditorio que lleva su nombre (salón de actos de CCOO de Madrid), y al día siguiente miles de personas le dijimos hasta siempre en la Puerta de Alcalá de Madrid, lugar donde los primeros años de la democracia terminaban los 1º de mayo. El mismo lugar donde Marcelino dio durante varios años sus mejores mítines sindicales.

Aquel sábado lluvioso, en que le dimos el último adiós, una marea de chubasqueros rojos avanzó lentamente por las calles de Madrid hasta llegar a la Puerta de Alcalá donde se gloso la lucha del histórico sindicalista por los derechos de la clase obrera. (Ver video).

Aparte de la afinidad ideológica y sindical con Marcelino, visto desde el lado humano, en mi caso había otro plus añadido, el profesional: ser o proceder de familia ferroviaria une mucho.

Como comentaba, Marcelino se crio en una casa del ferrocarril, le llamaban "casilla", en la estación Osma-La Rasa. Su padre trabajó de guardagujas y su madre de guardabarrera. Marcelino estuvo de aspirante a factor. Mi padre también trabajo de guardagujas y también me críe en una casa, “casilla”, del ferrocarril extremeño, e ingrese en Renfe de factor. Y también me cabe el honor de haber contribuido a que aquella “casilla”, donde Marcelino vivió en la infancia y parte de la adolescencia, la pudiera disfrutar ya de mayor con su querida familia, en especial con su simpar y gran mujer Josefina Samper.

Son muchas las ocasiones que he coincidido con Marcelino, tanto en el sector ferroviario, como en otros lugares comunes del sindicato o en los cientos de movilizaciones que los sindicatos de clase han protagonizado en nuestro país y en mi caso sobre todo en Madrid.

Para un breve artículo de opinión tampoco se trata de dar pelos y señales de todas y cada una, pero recuerdo con mucho cariño una manifestación que realizamos en Bruselas los ferroviarios europeos en defensa del ferrocarril en abril de 1985.

Salíamos de la estación de Madrid-Chamartín a las tantas de la noche y allí sorpresiva y agradablemente nos encontramos a Marcelino que, sin previo aviso, media hora antes de arrancar el tren, fue a despedirnos y desearnos lo mejor en nuestro viaje.

Algunas personas pensaran, que “era su obligación” o quizás “que tontería”, pero en aquellos años que el secretario general del primer sindicato de este país fuera a despedir a un grupo de jóvenes sindicalistas ferroviarios era lo más. Personalmente aún se me humedecen los ojos cuando lo recuerdo y nunca lo he olvidado. Seguro que el centenar de ferroviarios, la mayoría sindicalistas, que íbamos en aquel tren, tampoco.

Igualmente, tampoco olvidare y lo recuerdo con mucho afecto, que desde que nos conocimos en el primer congreso de los ferroviarios de CCOO en 1978, Marcelino, cada vez que nos veíamos siempre, aunque hubieran pasado más de 30 años, me hacia la misma pregunta: ¿qué tal los ferroviarios?

En la última etapa de su vida iba frecuentemente a verlo, acompañado por mi compañera Isabel. La última vez que estuvimos en su casa, aun en vida de Marcelino, fue en junio del año 2010, pocos meses antes de su fallecimiento. Todo el mundo que los conoció a Marcelino y Josefina, sabe que son entrañables y su mayor preocupación es que te sientas a gusto y feliz en el rato que estes allí. Lo que más le disgusto a Josefina aquel día es que no tuviera magdalenas, sus famosas magdalenas, que en otras ocasiones nos ponía con el café, fuera la hora que fuese.

Marcelino estaba como siempre, con el periódico “El País” encima de la mesa camilla, subrayando las noticias que consideraba interesantes, pero por esas fechas no pasaba de las primeras páginas. En esa época en la portada estaban todas las noticias importantes para él.

Josefina Samper, la compañera de toda la vida de Marcelino, nos hablaba de todo lo que había pasado en los últimos días, de la casa y de su nuevo barrio, en Majadahonda (Madrid), que, aunque le gustaba, no acababa de acostumbrarse, después de tantos años de vivir en su Carabanchel, en un tercero sin ascensor, pero por problemas de movilidad de Marcelino se tuvieron que mudar lo más cerca posible de sus hijos.

Lo que, si era para Josefina “santo de su devoción”, de esta nueva casa, -aunque fuera atea-, era la cocina. Muy satisfecha nos la enseñaba y decía orgullosa: “algunas veces incluso comemos en ella”. Para comprender el entusiasmo de Josefina hay que tener en cuenta que esta cocina tendría unos seis metros cuadrados y ellos venían de Carabanchel, de su casa de toda la vida, construida en los años sesenta, de menos de 60 metros cuadrados en total, cuya cocina como era lógico iba en proporción.

Para conocer el perfil humano de estas dos grandes personas tan cercanas y cordiales, creo que, con un par de pinceladas, es suficiente. A mí siempre me impactaron los dos, de ahí que nunca he concebido a Marcelino sin Josefina y tampoco a Josefina sin Marcelino, A partir de su fallecimiento Josefina no tenía a Marcelino, pero nos tuvo a un montón de amigos y amigas.

Para finalizar, recordar para que todos y todas lo tengamos en cuenta, -según nos contó Josefina- que con motivo de la visita de una vecina al hospital donde falleció unos días después, la mujer se quejaba de algo que la había pasado, Marcelino con un hilo de voz le dijo: "Si uno se cae, se levanta inmediatamente y sigue adelante".

Guardo como un tesoro, orgullosamente, los libros de Marcelino "Charlas en la prisión" y “Confieso que he luchado”, especialmente por las cariñosas y encantadoras dedicatorias, porque Marcelino no era de las personas que dedican un libro con la clásica frase " con afecto a fulanito, etc, etc", no, no, Marcelino te lo dedicaba escribiendo media página, pensando en ti, en lo que había vivido contigo y si además te daba un consejo, mejor que mejor, con la dedicatoria escrita con una caligrafía firme y fuerte que ya nos gustaría tener a la mayoría de nosotros.

En fin, termino: DEP, querido compañero y amigo Marcelino, ejemplo de sindicalista, gracias por todo lo que nos enseñaste en vida, eras una gran persona, que has pasado a la historia como un referente de lucha obrera por la libertad y la democracia de nuestro país, pero también por lo mucho que luchaste por defender a las personas más desfavorecidas. Puedes estar seguro que aquí en la tierra siempre te recordaremos.

Francisco Naranjo Llanos

Exdirector de la Fundación Abogados de Atocha y sindicalista de CCOO

Nació en Esparragalejo en 1946 y realizó estudios de Oficialía Industrial en Mérida (Extremadura). Toda su vida laboral, más de 40 años, la realizo en RENFE. En lo sindical, aun en clandestinidad, fue cofundador del Pleno de Representantes Ferroviarios, órgano unitario de representación en el ferrocarril. A partir de 1978, ya en democracia, ha sido responsable de comunicación del sector ferroviario de CCOO y de su órgano de información, Carril; de la revista FTC, de la Federación de Transportes y Comunicaciones, de Unidad Obrera y Madrid Sindical de CCOO de Madrid. Es autor de los libros: La comunicación sociolaboral, Crónicas desde el gueto, Los carriles de la vida y El pasado es la linterna del futuro, así como de numerosos artículos de opinión publicados en los principales medios. Durante varios años fue colaborador de la Facultad de Periodismo de la Universidad Complutense. Es patrono de la Fundación Abogados de Atocha, desde su creación en 2004, siendo su director desde 2013 a 2024. En Madridiario, es columnista habitual desde 2015.

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