La llegada del otoño ha marcado, en el distrito de Hortaleza, un comienzo que ya es tradición. Los vecinos de este barrio madrileño se han puesto en marcha para organizar la planificación de la cabalgata participativa que, desde hace más de 50 años, ha funcionado como un símbolo de identidad colectiva. Aún no hay ni luces ni caramelos, tampoco Reyes Magos desfilando por las calles; sin embargo, el local vecinal de la AV Villa Rosa ya está lleno de sillas y conversaciones animadas.
Mientras que en otros distritos una cabalgata es un evento institucional, para el tejido asociativo de Hortaleza se trata de una construcción vecinal paciente con muchos años de historia. Durante todo este tiempo, más de 30 colectivos han participado en los preparativos de las ediciones anteriores del desfile navideño, incluyendo centros escolares o vecinales. El proceso de preparación es una labor minuciosa, sin estos meses de organización no habría desfile el 5 de enero. Se han asignado tareas de logística, comunicación coordinación o sobre permisos y seguridad.
“En muchas ocasiones, las carrozas tienen un componente social y reivindicativo”
“En muchas ocasiones, las carrozas tienen un componente social y reivindicativo”, ha manifestado Sonia San Andrés, de la agrupación vecinal Unión de Hortaleza. En este sentido, la cabalgata siempre ha servido como plataforma simbólica para visibilizar las demandas del barrio. En distintas ediciones, las carrozas han reivindicado mejores servicios públicos, han denunciado la falta de vivienda asequible, han defendido la educación pública o han celebrado la diversidad cultural de Hortaleza. Este componente político, ha contado la vecina y miembro de la asociación, “es parte de la identidad de la cabalgata”.
Una cabalgata con historia
“El año pasado cumplimos 50 años”, ha indicado la vecina. Sus raíces se hunden en los años 70, cuando distintos barrios del distrito organizaban desfiles por su cuenta. Más adelante, esas iniciativas se unificaron en una cabalgata común, en el que la administración aportaba algunos recursos básicos y el resto lo ponía la gente. Desde sus inicios, la celebración del Día de Reyes ha sido un proyecto colectivo.
Sin embargo, esa continuidad no ha estado exenta de tensiones. En el año 2007, la Junta de Distrito decidió privatizar la cabalgata oficial, contratando empresas externas y excluyendo a las asociaciones vecinales de la participación. Además, “el recorrido se recortó y se eliminó la participación popular”. Sin embargo, al año siguiente, los colectivos vecinales solicitaron un permiso para organizar una cabalgata alternativa “para todos”. Desde entonces, la cabalgata participativa ha estado en manos del vecindario con un código ético que apuesta por la inclusión, la diversidad y la horizontalidad.
“El recorrido se recortó y se eliminó la participación popular”
Los preparativos activan una red vecinal que no siempre es visible. La preparación del “evento del año” hace que el local de la agrupación vecinal Unión de Hortaleza se convierta en un “lugar de encuentro”. Comercios locales que donan materiales, vecinos que prestan herramientas, asociaciones que prestan sus sedes o colectivos que aportan tiempo. Un conjunto de actividades que reúne a vecinos de todas las edades, siendo la “intergeneracionalidad” uno de los rasgos más valorados de la cabalgata.
Sostener este proyecto no ha sido sencillo. La burocracia es compleja y los costes de permisos se han elevado, así como las exigencias de seguridad son cada vez mayores. La financiación es otro desafío, “la mayor parte de los cursos proviene de donaciones vecinales y materiales reciclados”. Desde la Unión de Hortaleza, han afirmado que la cabalgata sólo sobrevive cuando la comunidad la sostiene. Por eso, el inicio de los preparativos tiene una gran dimensión política, es una reafirmación de independencia y confianza mutua.
San Andrés explica que la cabalgata ha perdurado gracias a su carácter colectivo: un espacio de encuentro y un reflejo de las luchas sociales del barrio. Los preparativos ya han comenzado, aunque las carrozas aún no tienen diseño. Como cada año, Hortaleza vuelve a demostrar que su fiesta no se compra ni se alquila: se levanta con las manos de sus vecinos y la firme convicción del “barrionalismo”.