En abril de 2024, recibí un mensaje en mi teléfono en el que la Consejería de Sanidad me informaba del “cambio de su profesional” en el Centro de Salud La Paz (Rivas-Vaciamadrid). Otro cambio más y sin consultar con los pacientes. Antes de la nueva doctora (Marta M.B.), nos atendieron María y Cesar, pendientes de los burócratas de la Consejería de Sanidad. En la sala de espera de esa primera cita se comentaba la satisfacción de los pacientes con la nueva médica. Se mostró interesada en mis dolencias y demostró que es de las que considera que no somos clientes, sino personas necesitadas de atención médica. Le comenté que tenía dolores articulares en el brazo derecho y me recomendó calmantes cuando sucediera. Al día siguiente de mi primera consulta con la nueva doctora sufrí dolores más intensos. Pedí nueva cita y 12 días después pasé por su consulta. Entremedias, gracias a las listas de espera de Atención Primaria, tuve que acudir a Urgencias del Hospital del Sureste, ubicado en Arganda del Rey, donde permanecí más de 5 horas.
Ni un solo minuto dejé de pensar en la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Me habría gustado su compañía en esas horas para que viera, sin privilegios por el cargo, una sala de espera con docenas de personas y miradas de hastío y sufrimiento por la demora. También habría oído los comentarios de empleados sanitarios, ante preguntas de los pacientes: “esto es lo que hay” y “falta personal”.
Ayuso habría sabido que estuve en urgencias porque las listas de espera para Atención Primaria van tan mal que muchos madrileños han contratado una mutua privada hartos de las carencias de la sanidad pública madrileña. Esta sanidad pública, además de contar con unos excelentes hospitales y unos gestores más preocupados de la obediencia a la jefa, pasa de los problemas diarios de los madrileños relacionados con la salud. Casi un 40% de los madrileños cuenta con un seguro privado de salud. ¿Esto es casualidad o intencionalidad de los gobernantes?
Ayuso, de haberme acompañado, habría sabido que si me hubieran atendido en tiempo y forma en mi Centro de Salud, o en las urgencias inexistentes en los mismos ambulatorios, no habría acudido a unas urgencias saturadas y maltratadas por la Consejería de Sanidad del Gobierno que ella dirige.
Ayuso habría aprendido que el sufrimiento innecesario de los demás solo es útil para algunos de sus amigos. Entre ellos, el presidente de Argentina, un descerebrado que propone legalizar la venta de niños por parte de familias pobres. O el cantante Nacho Cano, que ha demostrado que se puede ser gilipollas y apoyar a Ayuso.
La mandataria regional habría comprobado que cuando fui llamado a consulta, después de más de 5 horas de espera, la persona que me atendió, sin llegar a reconocerme, me dio calmantes para el dolor. En el parte médico dejó claro que si el dolor se mantiene, tengo que ir a mi médica de Atención Primaria. En definitiva, muchas horas acordándome de Ayuso para exponer lo que estoy en estos momentos escribiendo, donde el dolor no remite tan fácilmente.
Lo que cuento no es un caso excepcional, es algo que sufrimos miles y miles de personas, muchas de ellas con seguros privados por la desidia de los que gobiernan la salud como si fuera El Corte Inglés. Ayuso no me acompañó, me llevó mi hija Azeguiñe, quien se preguntó por qué los calmantes no me los pusieron en vena al entrar en urgencias y no más de 5 horas después. Ayuso está tan ocupada en que no se rompa España que lo que yo expongo le debe parecer menudencias o gilipolleces de un izquierdista.