Hace calor. Los niños llevan varios días en casa, cuando a esas horas deberían estar en el colegio. Toda la familia está nerviosa. Pronto nos iremos de vacaciones. Se nota en el ambiente. De vez en cuando algunos gritos denotan ese nerviosismo y también las ganas de irse.
Esta mañana me despiertan más temprano de lo habitual, casi de noche. Veo el coche cargado hasta los topes. Seguro que nos vamos de vacaciones. Me colocan en el asiento de atrás. Tengo ganas de hacer "pipí" pero me resisto, ya tendré tiempo. Los niños van a mi lado, pero no me dicen nada. Tampoco me han dicho dónde vamos, pero presiento que, a la playa, como el año pasado. Enfilamos la carretera general. Después de una hora de camino, el coche se para. Irán a llenar el depósito de gasolina, presumo.
Me hacen bajar. Aprovecharé para hacer mis necesidades fisiológicas. Me acerco a un árbol que está a unos metros de la carretera. Haré "pipí" rápidamente, antes de que me digan que tengo que volver a montarme. Vuelvo enseguida.
No veo el coche, ni ninguna gasolinera. Estará detrás de la curva de la carretera. Correré un poco. No veo a nadie, ni siquiera se ve ningún edificio cercano. Esperaré un rato en el arcén. Volverán enseguida. Estoy convencido.
Ha pasado una hora y no vienen. Iré andando despacio por el borde de la carretera hasta que los encuentre. No estarán lejos. Se abran despistado, pero volverán a por mí.
Continúo sin verlos. Qué calor. Los coches y camiones hacen un ruido infernal pasando a toda velocidad. No para ninguno. De pronto escucho un golpe seco. Estoy en la cuneta de la carretera. No puedo moverme. Los coches los escucho, pero muy a lo lejos. Estoy empapándome de un líquido. Será sudor por este calor tan sofocante.
Éstos no acaban de venir. Se ha hecho de noche. No oigo ningún ruido. No importa, sé que volverán pues siempre me han querido, sobre todo cuando era pequeño y les hacía tanta gracia. Todo eran mimos.
No han vuelto, pero sé que no me han olvidado, estoy convencido. El líquido era sangre. Seguro que ellos no me han abandonado como a otros colegas míos. Siempre he confiado en ellos. Volverán, seguro, pero a lo mejor no me encuentran al estar en la cuneta, lejos de la carretera.
Si no vuelven es porque se habrán despistado, alguna vez me han regañado, pero ellos me quieren, estoy seguro. Siempre me han dicho que los perros somos amigos de los hombres y sobre todo defensores de los niños.
Me quedo profundamente dormido, quizás me muera, pero lo hago feliz, pues sé que ellos me quieren ya que soy uno más de la familia. No tengo ninguna duda de que no me han abandonado. Muy pronto volverán a por mí. Estoy seguro…
En memoria de este y otros miles de perros abandonados anualmente en España:
Era callejero por derecho propio
su filosofía de la libertad
fue ganar la suya sin atar a otros
y sobre los otros no pasar jamás.
"Callejero" de Alberto Cortez
En España cada hora se abandonan 15 perros sin identificar. 120.000 durante el año 2021, según datos de la Real Sociedad Canina de España (RSCE). Ayer uno de agosto se ha aprobado la primera Ley de Derechos de los animales que es, aparte de pionera, fundamental para luchar contra la violencia contra ellos y perseguir a quién los maltratan, pero aparte de leyes, que son necesarias, es imprescindible crear conciencia ciudadana. Este breve artículo es lo que pretende.
Francisco Naranjo Llanos
Director de la Fundacion Abogados de Atocha y sindicalista de CCOO