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No desperdiciemos lo único que nos ha dado el virus

Por Mayson Douas y Miguel Montejo
viernes 27 de marzo de 2020, 11:41h

La pandemia del Coronavirus amenaza con quitárnoslo todo, nuestra cotidianidad, nuestra vida social, nuestros empleos,... hasta la vida. Sin embargo, al menos en lo que duren las medidas de confinamiento, nos regala algo que habitualmente no tenemos: tiempo. Tiempo para reflexionar, para colocar ideas, proyectos, oportunidades. La crisis sanitaria pasará, y volverán los viejos problemas, agravados por una situación de posguerra, que también pasará, y los viejos y nuevos problemas seguirán ahí.

Cuando haya pasado, encontraremos las deudas de los países desbocadas. Pero, igual ocurrió en otros momentos y salimos con fuerza. Si tras el crack del 29 y la Segunda Guerra Mundial se dió lugar al Estado del Bienestar, después de la crisis financiera de 2008 y la pandemia actual nos tocará pensar en un “Plan Marshall” en forma de renovado Green New Deal europeo, que reconstruya y reactive mirando a un futuro sostenible, social y medioambientalmente sostenible.

En los últimos días hemos visto las medidas que tomaban diferentes países, Italia, Estados Unidos o Francia son algunos de ellos, y todos han mirado hacia China, replicando tanto el modelo de contención como el modelo económico y financiero. Y ahora a la Unión Europea, dándole una vuelta de tuerca suspendiendo el pacto de estabilidad presupuestaria. La idea es la misma: crecer, desarrollarse. Lo importante, para nosotros, es aprovechar este impulso para fijar las bases de lo que debe ser la nueva economía.

Los programas propuestos que, en el caso de España se han formalizado en líneas de avales del Estado por valor de 100.000 millones de euros, tienen por objeto habilitar préstamos para que las empresas superen el fondo de esta crisis: la ausencia temporal de ingresos. Las dudas que le pueden surgir a cualquiera es si las empresas pueden o deben seguir asumiendo deuda, o qué garantías tienen de que en el escenario postpandemia: mantendrá su actividad como para poder saldar la deuda? En este sentido los escenarios siguen todos abiertos, incluida la compra directa por los bancos centrales de deuda de empresas.

Otro problema es que si bien es cierto que unos tipos de interés casi negativos deberían facilitar el crédito, las entidades podrían no ser favorables, poniendo en riesgo que ésta inyección del crédito fluya hacia las empresas. Esperemos que su comportamiento sea como tras la crisis de 2008.

El otro riesgo es empobrecer las arcas de estado, todos sabemos que esto nos va a generar un déficit monstruoso. En nuestra opinión hay que asumirlo. Estamos en guerra, y en las guerras lo importante es ganarlas. El límite de lo que cueste esta victoria, en términos económicos, está en el riesgo de perderla. Por tanto, creemos que hay que asumir que no haya límite. Tenemos que trabajar para mantener un escenario en el que se mantengan activados los sectores claves, para mantener las cotizaciones, y para garantizar la continuidad en el pago de impuestos.

De igual manera que asumimos la pandemia como algo imparable, también deberíamos ir asumiendo que vayamos a sufrir una recesión severa. Para amortiguar, algunos piden medidas para apuntalar la demanda agregada, cuando en realidad lo que estamos viviendo es un shock de oferta sin precedentes en los últimos cien años.

¿Cómo podemos mantener la economía? ¿Los empleos?

La salida, aún por negociar, de Reino Unido le facilita el poder aumentar su deuda, cuenta con el amortiguador histórico: la posibilidad de asumir una producción deslocalizada en otros países y el desfase de la curva de contagios que suceda en Reino Unido, los países productores y los consumidores.

Afortunadamente, las nuevas medidas tomadas por la CE y BCE van en esa misma línea, con la salvedad de que no todos los países miembros tienen la misma capacidad de sobrellevar la situación, con una amenaza grave en profundizar aún más la brecha económica entre los países de la unión.

No tenemos duda de que los incentivos fiscales son importantes, que el apoyo a los autónomos es imprescindible, que asumir la deuda de las empresas amortiguará la caída. Pero a todo esto hay que añadir otras variables como: el tiempo, el cambio de dinámicas socio-económicas, las nuevas formas de trabajo (que ahora estamos experimentando de forma forzosa) y la capacidad del estado para incentivar la economía como el mayor contratador de servicios, de un modo coordinado con el resto de agentes.

Sólo así podremos generar una nueva dinámica, que nos permita liberarnos de alguno de los lastres económicos del pasado.

Desde el momento en que la población tomó conciencia de la situación, no por los fallecidos por COVID-19, si no por las medidas de cierre de los centros educativos y formativos, y facilitar el teletrabajo, se han sucedido las muestras de responsabilidad social, que acompañan y hacen más llevadero el momento. Partiendo de la encomiable e indiscutible labor del personal sanitario y de los expertos, las redes ciudadanas que buscan cómo paliar los efectos del contagio: las campañas en RRSS, grupos de trabajo para fabricación de respiradores, confección de mascarillas, atención a la población en riesgo, y la sensibilidad de caseros, por ejemplo, en considerar moratorias para el pago de alquileres en locales y residencias particulares.

Pero también hemos visto al lobo mordiendo. Hemos visto cómo las administraciones públicas autonómicas y locales provocaba ERTEs por suspender contratos de servicios sin esperar a ver qué medidas tomaba el Gobierno estatal, cómo muchas empresas se veían forzadas a asumir el teletrabajo sin estar preparadas para estos entornos colaborativos y digitales, el cierre forzoso de pequeñas empresas, al matrato a las empleadas del hogar o directamente un cambio de paradigma en todo tipo de negocios.

Han sido muchos cambios para un espacio muy corto de tiempo. Pero de lo que no hay duda, es que no es “el fin del mundo”, siempre hay y habrá un nivel de demanda, no sólo de los servicios básicos, si no de los servicios que complementan la actividad que se desarrolla de forma telemática, pongamos por caso la formación.

El parón nos ha pillado cerrando un trimestre y empezando otro en la mayoría de los colegios e institutos, y no todos están al día con la incorporación de las herramientas digitales. De hecho, hemos visto cómo han colapsado hasta los servidores de las Consejerías de Educación. Sin embargo, de lo que sí estamos seguros, es de que no nos podemos permitir peores resultados en el informe PISA.

El gobierno ha anunciado que por un lado aplaza la EVAU, y que se ha habilitado contenido didáctico en uno de los canales públicos, son medidas paliativas para poder mantener el nivel, pero no para paliar la desigualdad en un factor que será decisivo para la etapa post-crisis: la formación.

La educación como factor clave

Mientras que en las crisis anteriores el factor determinante podría ser el capital, la crisis actual depende del conocimiento, y del talento creativo y resolutivo, para poder hacer frente a ella. Tanto las vacunas como las iniciativas para diseñar respiradores son un buen ejemplo de ello, basadas en las redes de conocimiento internacionales, finalmente se necesitan laboratorios locales, y fabricación local: ya no estamos en la economía global, ni la economía productiva, ni en la economía basada en capital, si no la economía del conocimiento y del talento local coordinado.

Por eso, hoy más que nunca, se echa en falta poder dar paso a la innovación, muchas son las iniciativas que se han desarrollado en los últimos años no sólo a nivel de plataformas de aprendizaje en remoto, que también, sino en las metodologías y en los procesos de aprendizaje, la adaptación flexible de los contenidos y la mejora continua.

Poner en marcha este yacimiento, no es sólo iniciativa privada en tiempos de crisis, debería ser una prioridad ejemplar de gobiernos comprometidos con la salida de esta crisis, en esto las autonomías tiene un papel más que relevante, por ser esta su competencia desde hace cerca de 20 años y donde hoy se pone de manifiesto el compromiso de éstas han tenido por reforzar o no la educación y la formación.

No haber prestado la atención suficiente, como se ha venido denunciando por sindicatos y familias, supone que tenemos que ir a marchas forzadas, asumir responsabilidades, en las que no sólo nos ponemos en primera línea en temas de educación y formación, si no que además empleamos a varios sectores, habitualmente afectados por la poca empleabilidad: pedagogos y pedagogas, educadores y educadoras, maestras y maestros, profesores y profesoras, psicólogos y psicólogas, y otros que son internacionalmente reconocidos por su preparación: desarrolladores y desarrolladoras, diseñadores y diseñadoras, ingenieros e ingenieras en sistemas, la cadena de valor de dispositivos, y muchos otros sectores.

La nuestra es una oportunidad para poner en marcha todas ellas, nacionalizar en modo piloto, para, por una parte, emplear a tantos y tantas en los diferentes eslabones de la cadena de valor, con un fin: garantizar un futuro próspero a una generación.

Mayson Douas y Miguel Montejo

Concejales de Más Madrid en el Ayuntamiento de Madrid

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