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No hay esperanza en el PP

martes 25 de abril de 2017, 10:28h

La alcaldesa, Manuela Carmena, estaba a favor de que Esperanza Aguirre dimitiera del último cargo político que le quedaba: como portavoz y concejala del Ayuntamiento de Madrid, por el caso Lezo, que es, a juicio de la mayoría, la gota que ha colmado el vaso lleno por la Gürtel y la Púnica. La alcaldesa dijo, que Aguirre debería “reflexionar y asumir sus responsabilidades políticas, ya que no es bueno para el Ayuntamiento que la portavoz de la oposición esté en su situación”. Y no es que Aguirre le haya hecho caso, es que, independientemente del consejo de Manuela Carmena, ella ya había reflexionado y llegado a la conclusión de que, a la tercera iba a ir la vencida. La primera vez que dimitió fue como presidenta de la Comunidad de Madrid, con motivo del cáncer que la habían detectado y la necesidad de volcarse en su curación; la segunda, como presidenta del PP de Madrid, por el asunto de la operación Púnica; la tercera, como concejala y portavoz de su partido en el Ayuntamiento, por la operación Lezo. Ya no puede dimitir de más cosas, porque nada de representación le queda en política, y esta vez su marcha no tiene retorno. La mujer que aspiraba a ser presidenta del Gobierno de España, y después alcaldesa de Madrid, como colofón a su carrera política, ya es sólo el recuerdo de una etapa muy importante en la política española y en la local. Fue la primera mujer primer teniente de alcalde en el Ayuntamiento de Madrid; después, la primera ministra de Educación y Cultura al mismo tiempo; la primera mujer presidenta del Senado y la primera mujer presidenta de la Comunidad de Madrid. Ya no hay Esperanza en el PP, y los justos, injustos, propios y extraños, amigos y enemigos de las desgracias ajenas, duermen tranquilos.

Esperanza Aguirre ha sido víctima del desengaño que a veces provocan las personas más cercanas, de las confianzas traicionadas y las ranas que se multiplican y se convierte en sapos, como les ha pasado, y les pasa, a otros políticos de otras formaciones, lamentablemente. Es lo que hay, y lo que demuestra que, si “perro no come carne de perso”, “político sí come carne de político” en cuanto huele a putrefacción.

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