Pablo no era Pedro. Sí fue un gran ideólogo y máximo difusor del cristianismo, pero no tenía el carisma, en muchos sentidos opuesto, de ser también un prudente organizador. Iglesias ha mostrado sus dotes de difusor de Podemos. Sin embargo, desde sus graves errores que han frenado tanto el partido, hasta la pérdida de todos sus socios fundadores, ha puesto en evidencia su notable incapacidad organizativa. Él mismo ha tenido que reconocer no pocos de sus errores, rectificar e incluso volver a cometerlos de nuevo.
En sus primeros días, tan recientes, decía soñar con el momento, que ansiaba fuera pronto, de volver a su trabajo científico ¿Le habrá cegado la ambición o la adulación de los tiralevitas hasta el punto de no ver que está en el momento crítico, personal e históricamente, de rematar con honor esa etapa de su vida, en vez de hundir ambas?