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La plaza del Caudillo

lunes 14 de diciembre de 2015, 09:20h

Hace poco, el concejal presidente de la junta municipal de Fuencarral-El Pardo, Guillermo Zapata, de Podemos, dijo que no era prioritario cambiar el nombre del Caudillo a la plaza de El Pardo; que había otra cosas más importantes que solucionar para los vecinos. Pero esas cosas se deben haber solucionado ya, porque el concejal twuitero, pasados unos días desde sus anteriores declaraciones, ha decidido ahora quitar el nombre a la plaza principal de lo que en su día fue Real Sitio, pueblo y ahora barrio de Madrid.

Las primeras elecciones democráticas de 1979 las ganó en Madrid la UCD de José Luis Alvarez, pero al no tener mayoría absoluta, el pacto PSOE-PCE, hizo alcalde a Enrique Tierno. Una de las primeras iniciativas de ese nuevo gobierno municipal, fue cambiar el nombre de las calles que estaban relacionadas con el recién finiquitado franquismo. La concejala del PCE, Cristina Almeida, fue nombrada presidenta de la Junta de Fuencarral-El Pardo, y dijo que ella no iba cambiar el nombre de la plaza del Caudillo.

Ahora nos puede parecer sorprendente aquella decisión de una concejala tan comunista como Cristina Almeida, pero situándonos en aquellos momentos, podemos comprender su decisión, ya que la filosofía que inspiró al equipo de gobierno a cambiar el nombre de un número importante de calles, era la de restituir a todas ellas el nombre que tuvieron antes de que el franquismo las pusiera denominaciones de personas o hechos relacionados con el régimen. Como la plaza del Caudillo, de El Pardo, no tuvo nombre anterior, y se llamó así desde siempre, se optó por mantener el nombre y la filosofía que inspiraba los cambios en el callejero.

Ahora, que tomando como mandamiento la ley de la Memoria Histórica, se quiere hacer una segunda reforma, eliminar todo aquello que suene a franquismo, similares o adyacentes al régimen, se puede cometer el error de considerar franquistas a algunas personas importantes, que el único pecado que cometieron fue haber destacado en su ejercicio profesional durante la dictadura. No es el caso de la plaza del Caudillo, en El Pardo, que no puede tener connotación más directa con el régimen, por eso no me parece desafortunado el cambio, sobre todo si ello significa que el concejal Zapata ha solventado ya todos los problemas superiores a éste que tenían los madrileños, como dijo en su día, no hace tantas fechas.

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