Los más optimistas pensarán que hay más dinero en las carteras y en consecuencia más coches en las carreteras. Los más críticos contestarán que los repetidos atascos en Madrid se deben a la desorganización interna en el Ayuntamiento capitalino. Es muy posible, como es habitual en estos casos, que la verdad se encuentre en un punto intermedio entre ambos extremos. Tal vez haya que buscar las causas de los embrollos viarios en razonamientos más lógicos y sólidos. En cualquier caso, como ha dicho la Presidenta de nuestra Comunidad, no es de recibo que Madrid se colapse cada vez que caen cuatro gotas, por mucho que arrecie incluso en algunas ocasiones.
Proclamada la sentencia, lanzado el dardo acusatorio sobre la diana municipal, no estaría de más que doña Cristina Cifuentes y doña Manuela Carmena, responsables del tránsito de vehículos en Madrid y su periferia, se reunieran en algún lugar neutral y buscaran intervenciones conjuntas que paliaran el problema. Por el bien de todos los ciudadanos, de los que conducen y de los que soportamos sus tribulaciones diarias, bueno sería que aparcaran sus estrategias políticas y buscaran el bien común de todos los madrileños.
Aunque Podemos ande jugando con el futuro del Consorcio de Transportes, Cifuentes y Carmena siguen controlando ese organismo fundamental. Con esa herramienta en las manos pueden mejorar la situación. Si se pretende que los conductores dejen su automóvil en casa, deben existir unos servicios colectivos rápidos, frecuentes, cómodos, limpios, próximos y baratos. Deben diseñarse también nuevas líneas que faciliten la movilidad dentro de Madrid y que unan la ciudad con las populosas poblaciones de su entorno metropolitano. Lo que ha sido posible en otras urbes europeas, tendría que ser viable en Madrid.
Nuestras autoridades presumen, con muchísima razón, de las redes de metro, autobuses y trenes de cercanías que vertebran Madrid y circulan por su contorno, pero algo falla cuando muchos de sus posibles usuarios se enfrentan cada mañana a la aventura de llegar a su destino en coche. Sería imprescindible interconectar los trenes de cercanías y media distancia con las líneas de transporte urbano que ya existen en Madrid, como sería necesario acondicionar nuevos aparcamientos disuasorios, gratuitos y cercanos, en los puntos de origen de los muchísimos trabajadores que tienen que desplazarse diariamente a la Capital.
En el caso de que todo lo dicho no fuera suficiente, se debería cobrar un canon a los automovilistas recalcitrantes que pretendieran llegar con su máquina al lugar céntrico elegido, cerrar al tráfico privado las zonas más congestionadas o gravar con un peaje las entradas a Madrid por las grandes autovías. Hablamos de fórmulas nuevas con las que enfrentarse a la situación, pero no creo que nuestros gobernantes, locales y regionales, quieran afrontar el desgaste que les supondría tales decisiones. España llegó muy tarde a la motorización y el auto se ha convertido en un objeto imprescindible. Ese sector industrial mueve, por otra parte, demasiado dinero y cualquier intervención levantaría ampollas de inmediato.
Se acerca el invierno señores y con él las lluvias copiosas. Volverán nuevamente los embotellamientos y nadie podrá decir entonces que cuatro gotas son las culpables.