La Cañada no es Fuenteovejuna
miércoles 24 de octubre de 2007, 00:00h
Actualizado: 13/11/2007 10:51h
Se veía venir: lo que en un principio no pasaba de ser un cachorrillo incómodo e inofensivo, se ha convertido con el tiempo en un lobo dispuesto a arrancarle el brazo de cuajo a quien se atreva a acercarse a su comedero.
La Cañada Real Galiana - una vía pecuaria y protegida transformada en una colmena de construcciones ilegales, menudeo de droga, camiones de basura y otras miserias- empieza a dar graves quebraderos de cabeza al Ayuntamiento y a la Comunidad de Madrid que no han sabido ni prever ni atajar el crecimiento brutal en población y delincuencia que ha experimentado este asentamiento en los últimos años con el efecto llamada de inmigrantes indocumentados y la llegada de los traficantes procedentes de «Las Barranquillas».
El resultado lo hemos visto hace unos días: policías descalabrados a pedradas por una horda de energúmenos dispuestos a incrustar una bombona de butano entre las paletillas de quien se atreva a toserles, importándoles un pimiento que con su actitud estén demonizando a todos los que viven en la zona.
Se que más de uno me va a poner a caldo porque lo políticamente correcto es calzarse la careta de Robin Hood y ponerse del lado de los más débiles- que en en este caso, no se sabe por qué, se supone que son quienes trataron de impedir la demolición aunque los que acabaron hechos un Ecce Homo fueron los agentes de seguridad - pero me niego a dejarme abducir por los tópicos: lo que hemos visto el otro día es infumable y, desde luego, un pésimo ejemplo para quienes van por el mundo pensando que las leyes solo hay que acatarlas si les son favorables..
Los asentamientos ilegales siempre son problemáticos, pero si además se manipula con un par de especias picantes como son la cuestión racial y religiosa, el asunto ya es como para empezar a preocuparse en serio, porque lo que no es mas que una cuestión meramente legal adquiere la categoría de revuelta.
A nadie se le ocurre hablar de xenofobia cuando se desaloja a unos okupas en Barcelona, sin embargo en cuanto hay inmigrantes por en medio el recurso es obvio y generalmente suele colar. Algunos de los habitantes la Cañada- no hay que olvidar que sólo una minoría organizó la batalla campal de la semana pasada- lo saben, como saben también que si en el enfrentamiento con la policía hay niños de por medio, el veredicto de la opinión pública se va a inclinar a su favor; de ahí que dejaran a los más pequeños sin colegio sabiendo el lío que se iba a montar.
Qué quieren que les diga: me parece impresentable, y más impresentable aún que haya quien pretenda hacernos creer que lo que vimos hace unos días es lo de la valerosa aldea gala que hace frente a los malvados romanos.
Evidentemente habrá que buscar soluciones para quienes son ciudadanos con los papeles en regla y viven honradamente de su trabajo, que seguramente son la mayoría, pero lo que no se pueden consentir son las ciudades sin ley y la actitud de quienes intentan descalabrar a pedradas una decisión judicial por mucha razón que crean tener, entre otras muchas cosas porque ni el juez que ordenó la demolición es el comendador Fernán Gómez de Guzmán ni la Cañada Real Galiana es Fuenteovejuna.