En la casa de los líos, en la casa del PSOE,
hay cosas que todavía no se entienden,
quizá porque no se han sabido explicar, o porque son difíciles de entender, como
por ejemplo, que la decisión sobre la destitución de Tomás Gómez se
estuviera madurando desde hace varias semanas, incluso con contactos muy
avanzados con Ángel Gabilondo para ser el candidato a la Comunidad, y solo
unos días antes de la ejecución política de Gómez, se le llamara para
acudir a Ferraz y hacerse la foto del cartel electoral. En buena lógica, esta
última circunstancia apunta a que la decisión se tomó a última hora por
alguna razón sobrevenida, grave y urgente, de otra manera no se entiende que
fotografiaran a un candidato para el cartel electoral, y que se quedará en el
archivo de Ferraz como testimonio de lo que pudo haber sido y no fue.
Y dicho esto, me ocupo ahora de comentar la decisión,
parece que tomada ya en firme, de nombrar al ex ministro Ángel Gabilondo, nuevo candidato a la Comunidad de
Madrid. No se sabe cómo le saldrá al PSM esta operación, pero paracaidistas
ex ministros, o en ciernes de serlo, no le han dado resultados; más bien han sido un fiasco. Y hay
dos casos concretos: en 1999 presentaron al ex ministro Fernando Morán,
candidato al Ayuntamiento de Madrid, confiando en reeditar una imagen
similar a la de Tierno, y Álvarez del Manzano le barrió por mayoría
absoluta. Volvieron a repetir jugada ocho años después, colocando como
candidato a la alcaldía a quien estaba llamado a ser ministro, Miguel Sebastián, amigo de Zapatero,
y el batacazo ante Gallardón fue monumental, empeorando los resultados de
los anteriores comicios en los que la candidata había sido Trinidad Jiménez.
Tal fue el nivel de frustración de Sebastián, que ni siquiera recogió el
acta de concejal. En ambos casos los dos fracasados fueron premiados con un ministerio.
Ahora parece que se repite jugada, aunque se quiere que las cosas comiencen a cambiar en
el socialismo madrileño, y han empezado cambiando la cerradura de Callao, no
fuera a ser que Gómez, o alguno de los suyos, tuvieran la tentación de disfrazarse
de 'okupas' en pleno carnaval. El cerrajero, primera pieza importante del cambio.