Son conocidas como escuelas de segunda oportunidad, pero para algunos de sus alumnos suponen incluso la primera ocasión que tienen de formarse. Son las Unidades de Formación e Inserción Laboral (UFIL), que tras varias adaptaciones, la última a la LOMCE, cumplen ahora 25 años.
"La jardinería es un medio", apunta la profesora Susana Fernández. Es
un medio para enseñar a estos alumnos de entre 16 y 20 años no solo una
profesión, sino también hábitos de trabajo, así como una herramienta
para reforzar su autoestima. "Tratamos de que se formen como
trabajadores y como personas, para que no tengan que depender de los
servicios sociales y puedan ser dueños de sus vidas", explica José Luis
Gordo, el director de la UFIL Puerta Bonita, la más antigua de las diez
que hay en la Comunidad, en las que el año pasado estudiaron 683
alumnos.
Estos estudios, únicos en España y un referente internacional, están destinados a jóvenes "en
riesgo de exclusión desescolarizados". Entre ellos, hay menores
tutelados por la Comunidad, como los inmigrantes que llegan a España
solos, y también jóvenes con medidas judiciales. Para muchos alumnos, es
la primera vez que confían en sus posibilidades o que se les brinda la
oportunidad de formarse. "Para algunos es la oportunidad porque ni
siquiera han tenido otra antes. Aquí les conocemos y sabemos qué problemas
tienen", comenta el profesor de carpintería Pedro Álvarez. "Es muy útil para gente que no ha podido estudiar",
opina Serigne Saliou, senegalés que llegó solo a España siendo menor de
edad y que ahora estudia jardinería en el centro, donde es representante
de los alumnos ante el Consejo Escolar.
Algunos alumnos llegan con un objetivo claro, sabiendo que quieren
formarse en una profesión, como es el caso de la hondureña Daniela,
aunque otros van descubriendo una motivación según pasan los días. Al
final, un 65 por ciento de los alumnos que pasan por la UFIL Puerta
Bonita acaba aprovechando su oportunidad. "Tenía dos amigas aquí y yo no
estaba haciendo nada ni tenía ninguna salida. Cuando se habla de las
UFIL se cuenta raro, pero aquí es distinto. Se pasa bien, encuentras tu
sitio y te sientes a gusto. Te levantas con ganas y no te cuesta nada",
relata Paloma, una joven de 19 años, a la que le gustaría encontrar un trabajo como cocinera, la profesión que está aprendiendo.
A los chicos les estimula que la formación sea muy práctica. "Cuando
vienen, tienen un cierto interés en la cocina y aquí acaban de
motivarse. Es bueno que vean que el resultado de la formación es
inmediato. Por ejemplo, han hecho croquetas y se las van a comer",
relata el profesor Luis Hernández. Así lo ven también los alumnos. "Esto
ya no es el colegio. Es como si estuviese trabajando", comenta
Octavio, cuyo objetivo es formarse como jardinero y poder encontrar
pronto un empleo. Una de las herramientas para ello son los proyectos de
producción, en los que el centro reproduce las condiciones de trabajo
habituales en cualquier empresa. Incluso la parte teórica está adaptada
al oficio para el que se están preparando. De esta manera, estudian la
parte de matemáticas más relacionada con las superficies o medidas en el
caso de carpinteros o jardineros, o el vocabulario específico de su profesión. Pero además de los contenidos que les otorgan una cualificación profesional, el aspecto que más se trabaja en estas escuelas es la formación como
personas y en hábitos que serán valorados en cualquier trabajo.
"Aprendemos un trabajo, a ser puntuales, el respeto por los compañeros, a
ser responsables...", detalla el joven Yahia.
Desde el principio se trabaja con ellos en el respeto a la
multiculturalidad. En el Puerta Bonita suele haber alumnos de más de 20
nacionalidades cada año. Otro de los
grandes retos de los profesores, muy vinculados al proyecto, es ganarse
la confianza de los alumnos, pues es la puerta de entrada para poder educarles en esta etapa decisiva en sus vidas. "Lo importante es que se centren y no se despisten. Ahora
tienen que dejar la infancia y pasar a la vida adulta. Algunos al
cumplir la mayoría de edad pierden la residencia y tienen que buscar
trabajo. Es un momento crítico para ellos", comenta Josevi Vargas,
profesor de jardinería.
El periodo formativo es flexible, así que cuando están preparados,
los chicos terminan su formación con unas prácticas. Para
ello, se buscan preferentemente empresas que tengan opciones de contratación. Parte del
trabajo del centro es conseguir tanto prácticas
como ofertas laborales a estos alumnos, y han llegado a tener una tasa de inserción
laboral superior al 70 por ciento. Pero el alto paro juvenil y los
cambios normativos en los contratos de formación hicieron bajar este
porcentaje
drásticamente. Ahora se ha recuperado hasta superar el 40 por ciento.
Otros alumnos continúan sus estudios para obtener el título de ESO o
hacer un
ciclo Formación Profesional de Grado Medio, pero "el objetivo principal es ofrecerles una
primera
inserción laboral" y, aunque se les anima a seguir con los estudios, "tienen necesidad de trabajar", recuerda el director. Una vez terminada su
formación, el centro continúa siendo una referencia para muchos de
ellos, que buscan orientación o apoyo en las aulas de la Finca de Vista Alegre donde estudiaron. Las visitas de antiguos alumnos son
bastante habituales.
Este año la UFIL Puerta Bonita celebra 25 años, que son también los primeros 25 años de este programa propio de la Comunidad de Madrid. Durante este
tiempo, estas escuelas de segunda oportunidad han ido ampliándose y
adaptándose a las nuevas circunstancias, pasando de consejerías o
ajustando su cometido. El último sobresalto ha sido la adaptación a la
Ley de Calidad Educativa (LOMCE), que, al eliminar los Programas de
Cualificación Profesional Inicial, dejaba sin respaldo las UFIL.
Finalmente, se han podido adaptar a la reforma educativa, si bien ahora
los alumnos no pueden como hasta el momento pasar directamente a un Grado
Medio. Aun así, con algunos problemas que resolver como la pérdida de fondos europeos, estas escuelas siguen luchando por su futuro y por el de sus alumnos.
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