Una
docena larga de árboles o ramas de diverso grosor han caído sobre la vía
pública en las últimas seis semanas. Y eso son muchas, aunque la alcaldesa nos recuerde
que hay dos millones de árboles en la capital. En uno de esos sucesos, el
primero, el resultado fue de un hombre de 38 años muerto, dos niños huérfanos y
una esposa viuda. Ha habido al menos -hasta el momento en que esto escribo-
otros dos casos con heridos: una niña de 7 años en el Retiro, y cinco personas,
de carácter leve, en la calle Montera.
Hubo
un tiempo, no hace tantos años, en que Madrid estaba regida por un señor que
rondaba los sesenta y era educado, abierto y respetuoso. A muchos les parecía
un poco carca; a otros, demasiado apegado a lo antiguo. El caso es que el
señor, del que muchos se reían en privado y al que nadie reconocía haber
votado, fue capaz de ganar tres elecciones municipales consecutivas por mayoría
absoluta, y en una de ellas consiguió la mayor cifra, en número absoluto de
votos, que ha alcanzado hasta la fecha un alcalde de Madrid: cerca de 950.000
apoyos.
Ese
señor, que pecaba ante la prensa de una cierta incontinencia verbal, era José
María Álvarez del Manzano. Al que muchos criticaban, con razones en ciertos
casos, sin ellas en otros. Pero al que hay que reconocer dos cosas: uno, que
durante sus doce largos años de Alcaldía -1991-2003-, las calles de Madrid se
asfaltaban cada verano, las hojas se recogían en otoño, los árboles se saneaban
y las aceras se barrían . Y dos, que cuando se marchó, las cuentas del
Ayuntamiento relucían de puro saneadas.
Ana
Botella se ha encontrado con un Ayuntamiento en el colmo de las dificultades:
sin dinero, sin posibilidad de endeudarse -porque la ley no se lo permitía más-
y con la carga de dar servicio a tres millones de ciudadanos que duermen y
cinco que viven cada día en la ciudad. Ha optado por la austeridad, llevada
también a los contratos de servicios. Y los números salen, vaya que si salen:
el ahorro es de cientos de millones de euros. Lo que aún está por demostrarse
es si sale también a cuenta en el nivel de calidad de los servicios. Esto de
los árboles aún no tiene explicación: lo está analizando una comisión de
expertos que emitirá un diagnóstico en septiembre. Pero hasta entonces,
¿cuántos árboles más tendrán que caer?¿Y con qué consecuencias? Sugiero un
bando aconsejando a los madrileños salir a la calle con casco.