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Madrid, ciudad abandonada

viernes 13 de septiembre de 2013, 11:07h

Recién pasado el ecuador de la legislatura, creo que llega el momento de analizar y valorar lo que han supuesto para la ciudad estos dos últimos años y reflexionar seriamente sobre los retos que ahora mismo tiene que afrontar Madrid.

No exagero si afirmo que estamos viviendo unos tiempos excepcionalmente revueltos; una lista escueta de los sucesos más relevantes puede dar una idea de cómo se ha desarrollado la escena municipal madrileña.

En primer lugar, nos abandonó el alcalde, la persona que, escasas semanas antes de emprender el vuelo, afirmó "que no tenía previsto cosa distinta que acabar su mandato". Eso sí, no sin antes dejarnos embarcados en la tercera aventura olímpica consecutiva y con una factura de aproximadamente 8.000 millones de euros de deuda. Poco después, en la primavera de 2012, y de la mano ya de la alcaldesa Botella, llegaron los primeros recortes presupuestarios y ese Plan de Ajuste que compromete al Ayuntamiento nada menos que por diez años. En otoño nos sobrecogía la tragedia del Madrid Arena, desencadenante del mayor escándalo político del Ayuntamiento de Madrid desde el "caso Guateque" y causa directa de una reorganización del gobierno municipal, con baile de responsables incluido, que no terminó de asentarse porque se topó con una sentencia del Tribunal Constitucional que forzó a la alcaldesa a desalojar de la Junta de Gobierno a sus dos hombres de confianza, debido a que no eran concejales electos....

Sin ánimo de ser exhaustiva, a mí me parece que con lo reseñado hasta el momento es suficiente para convenir en que estamos viviendo una legislatura digamos que convulsa.

Eso sí, el Ayuntamiento tenía un Proyecto, un Proyecto grandioso, que iba a actuar como una varita mágica capaz de acabar con todas las desdichas de Madrid, un Proyecto al que sin disimulo ninguno se supeditaba toda la actividad municipal... ¿Que la señalización turística de la ciudad tiene que mejorarse? El momento lo marcaría el Proyecto. ¿Qué varias instalaciones deportivas municipales se caen a trozos? Eso también lo solucionaría el Proyecto.

Pero el Proyecto se ha caído, se lo ha llevado el viento. Se habían fiado el futuro de la ciudad y las prioridades municipales a una decisión de terceros. Y ahora resulta que los terceros nos han fallado y el Proyecto se ha desvanecido.

Ahora mismo Madrid es una ciudad sucia, muy sucia, en la que la basura no se recoge convenientemente porque el Ayuntamiento ha disminuido drásticamente las partidas destinadas a limpieza. Detrás asoma ya el recorte en el cuidado de parques y jardines. La caída de la hoja, en una ciudad (aún, y gracias a Dios) muy arbolada, hace ya un par de años que no merece una actuación especial. Este año, además, nos hemos quedado sin "operación asfalto", y más de uno de los baches que se encuentran por ahí bien podrían suplir alguna de esas piscinas que tenemos cerradas (siete, si no me fallan los cálculos). Los museos municipales están cerrados o sólo semiabiertos, los proveedores no cobran en fecha y hora pese al rescate gubernativo, no se firman contratos y convenios imprescindibles para el funcionamiento de los servicios municipales destinados a los ciudadanos, sean sociales, deportivos o culturales... Insisto, no estoy siendo exhaustiva.

Mientras los madrileños recibimos cada vez peores servicios, el IBI se ha incrementado exponencialmente, todas las tasas y precios municipales han aumentado de forma significativa y la deuda ha superado las previsiones más pesimistas. Y a esta situación hemos llegado porque durante años el Ayuntamiento ha decidido supeditarlo todo al Objetivo Supremo, al Proyecto, a la organización de unos JJOO que está visto que no nos quieren dar, que no debimos pedir y para los que ya hemos construido (que no pagado), por adelantado, una serie de infraestructuras carísimas con las que de repente no sabemos qué hacer.

Ése es el problema de Madrid, el esperar a que nos "den" algo. Dejarse tentar de forma irresponsable por el espejismo, huir hacia delante buscando la poción mágica que impulse la ciudad, en lugar de trabajar desde dentro para convertirla en un motor de progreso y bienestar. Cabe preguntarse qué Madrid tendríamos ahora si todo ese dinero y todo ese esfuerzo se hubiera destinado a otros fines.

En fin, como decía al principio, nos encontramos a mitad de la legislatura. Vamos a ver si el palo olímpico nos sirve para emprender una reflexión profunda y marca un momento de inflexión en las políticas municipales. Vamos a ver si es posible encontrar para Madrid nuevos proyectos sensatos, realizables y de progreso, que nos proporcionen a los madrileños la ciudad que necesitamos. Vamos a ver si no seguimos abandonando Madrid a la suerte.

Patricia García.

Concejala de UPyD en el Ayuntamiento de Madrid.

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