'Il trovatore' sobrevive a la baja de Alagna en su reposición en el Real
viernes 08 de junio de 2007, 00:00h
Actualizado: 10/10/2007 11:36h
Como prometió Elijah Moshinsky, su director artístico, 'Il trovatore', de Giussepe Verdi, sobrevivió en la noche de este jueves a la baja de Roberto Alagna en su reestreno en el Teatro Real de Madrid, con un correcto Francisco Casanova en el papel de Manrico y con la ovacionada interpretación de Fiorenza Cedolins como Leonora.
En su representación número 291 en el coliseo madrileño, este montaje de 'Il trovatore' volvió seis años después de su estreno para quedarse hasta el 29 de junio y fue recibido con calidez por un público que volcó su decepción por no asistir al esperado debut del tenor francés Roberto Alagna con una entusiasta acogida para la soprano italiana.
Cedolins resumió en su matizada interpretación, que cuidó con ductilidad las arias más íntimas y derrochó potencia en las más arrebatadas, el nuevo espíritu que insufla esta versión a 'Il trovatore', basado en el cine de Luchino Visconti y cuya heroína Leonora hereda la dignidad trágica del personaje de Alida Valli en 'Senso'.
'Il trovatore', ópera de cuatro actos que Verdi estrenó en Roma en 1853 como pieza central de su trilogía popular, tuvo en la noche de este jueves al dominicano Francisco Casanova como protagonista, que anduvo mejor dotado de voz que de carisma dramático sobre el escenario, mientras que Anthony Michaels-Moore cumplió sin reproches como su antagonista y rival en el amor por Leonora, el Conde de Luna.
Más aplausos recibió, sin embargo, Dolora Zajick como la magnética 'zingarella' que provoca el pasaje más popular de esta composición de Verdi, un majestuoso coro (que entronca con los de 'Nabucco' o 'Aida') instrumentado por los repiques del martillo contra el yunque de una monumental fragua donde, además, se pudieron percibir las anunciadas referencias "goyescas" a las que el equipo artístico había hecho mención en la presentación del espectáculo.
La apuesta inicial de Moshinsky y el director musical, Nicola Luisotti, era la de trasladar la acción desde el Aragón medieval -que el libreto de Salvatore Cammarano tomó de la obra original de Antonio García Gutiérrez- hasta el proceso de unificación de Italia.
Al hilo de esta nueva época, también conocida como 'Risorgimento', sus creadores convirtieron en motor creativo su mítico emblema del "todo debe cambiar para seguir igual" pronunciado en su máxima expresión artística, la obra literaria de Lampedusa, 'El Gatopardo', adaptada al cine por el mismo Visconti.
Por eso, y pese a la difícil conciliación del contexto histórico con el importante papel que desempeña en la ópera la cultura gitana, el balance general volvió a ser positivo -como en su estreno en Madrid en diciembre de 2000- y las pasiones corrieron con igual fluidez entre las columnatas, balaustradas renacentistas y uniformes partisanos.
Así, la convulsión dramática con la que fue originalmente concebida 'Il trovatore', se mantuvo con altos niveles de intensidad durante toda la representación, que se cerró con un clímax a cuatro voces que, con un juego de telones que fue ampliando el escenario conforme la muerte se apoderaba de los personajes, aseguró a este reestreno una merecida y prolongada ovación final.