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Vacío o vicio de poder en el PSM

Vacío o vicio de poder en el PSM

lunes 04 de junio de 2007, 00:00h

Después de comprobar que el valor de la palabra entre la clase política es casi inexistente -una vez rectificadas todas las primeras declaraciones del ya ex secretario general del PSM, Rafael Simancas,  sobre las consecuencias de la derrota electoral sufrida por él y por  muchos candidatos a ayuntamientos de la región, algunos de ellos pertenecientes al llamado cinturón rojo- y  conocer que que la realidad de  su repentina dimisión se envuelve en algodones para que todos pensemos lo que nadie cree que sucedió, no está muy claro si lo que se va a producir a partir de ahora en la antigua FSM es un vacío de poder o un vicio de poder por parte de unos y otros, los de la sede del PSM y los de la del PSOE.

Simancas aseguró inicialmente,  después del hostión que se metió en su tercer intento de ser presidente de la Comunidad de Madrid, que se quedaba para pilotar el proceso de cambio hasta el próximo congreso regional de 2008 y dijo que lo hacía porque él no es de los que se achantan ante los malos resultados. La crisis abierta en el socialismo madrileño, con la rápida aparición, en demanda de cabezas,  de familias tradicionales como el guerrismo y los renovadores de Antonio Carmona y el nacimiento de otros grupos,  le ha dejado con el culo al aire, ya que llevaba repitiendo desde hace muchos años que su llegada a la dirección del PSM había conseguido la aparición de la unidad y la ilusión y la desaparición de las tendencias, esas que estos mismos decían años atrás que se repartían el pastel en una mesa camilla.

Unos querían un congreso después de los comicios de 2008 y otros que fuera ya. Los primeros temen que la larga mano de Ferraz entre en todos los recovecos de la organización para meter mano hasta donde les sea  posible y los segundos,  que alguien se les adelantase en la defensa del zapaterismo en Madrid. Al final, Zapatero ha dado un golpe en la mesa para enseñar los dientes y la autoridad y dejar claro a las familias y a los que creen contar con parcelas de poder inamovibles que todo puede cambiar, incluso a peor.

Algunos claman ante la posibilidad de que se cree un vacío de poder, al quedar todo en poder de una gestora nombrada por Blanco, y otros creen que eso es imposible porque seguirá habiendo poder aunque  estará en otras manos. La gran duda es intuir si los nuevos gestores van a prescindir del vicio, mala costumbre o excesiva afición a algo, especialmente si es perjudicial, tan complejo como mandar o ejercer el poder pensando más en algunos que en el conjunto de la militancia socialista. La solución algún día.

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