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Otro ave de paso

Otro ave de paso

Por Pedro Montoliú
jueves 31 de mayo de 2007, 00:00h
Actualizado: 10/10/2007 11:36h
Han pasado poco más de siete meses desde que un hombre, del que tan sólo los periodistas de las secciones de Economía tenían referencias, anunció que había pedido y obtenido de Zapatero medirse con Gallardón en las elecciones municipales. Lo que nadie había querido hacer, ni siquiera quien como Bono podría haber presentado batalla, se lo propuso Sebastián. Se lo propuso a se lo propusieron por el bien del partido. El PP dijo inmediatamente que lo había puesto el mismo Zapatero y que si se le ganaba al vasallo sería como hacerlo con el señor. Muchas películas de torneos medievales han visto algunos. Y así, sin más guardia pretoriana, que la que él mismo nombró -al PSOE oficial le sentó mal este desembarco de un outsider- se lanzó a una tarea impensable para un personaje que fue bautizado como Miguel Qué.

A base de trabajo y de patear Madrid, Sebastián se fue haciendo una idea de la situación, preparó un programa e incluso tuvo un primer cara a cara con Gallardón que sorprendió. Luego, las encuestas adversas por un lado y la presión de los medios de comunicación, de los que él mismo se quejaba amargamente por haberle atacado desde el minutos uno, hizo mella. Su ataque a la desesperada en el segundo debate televisivo en el que tuvo el desacierto, no de preguntar por un asunto municipal sino de hacerlo utilizando la fotografía de Montserrat Corulla, hizo que lo que hasta ese momento habían sido desprendimientos de piedras sobre su cabeza se convirtieran en auténticos aludes que terminaron por sepultarle.

Así se llegó al 27-M. Los resultados, muchos más favorables para Gallardón de los que el mismo alcalde esperaba, cayeron como una montaña helada sobre los dirigentes socialistas. Sebastián, que había expresado previamente su deseo de quedarse en la oposición, pasó a convertirse en el chivo expiatorio, una vez que se supo que Simancas, por el equilibrio del PSM, debía seguir hasta septiembre de 2008, cuando, tras las elecciones generales, no importará asistir a la batalla campal de las distintas familias que siguen tan vivas como hace diez años y que han impedido toda renovación.

En estas condiciones seguir era estúpido y carente de sentido. Sebastián, un ave de paso más como lo fue Trinidad Jiménez, se va y deja de nuevo el campo yermo, sin cabeza visible que le haga mínimamente sombra a un Gallardón a quien el único que le parece pararler es su propio partido. La marcha de Sebastián no obstante, es buena sólo en un sentido: obligará a buscar un sustituto. Los dirigentes del PSOE tienen la oportunidad de preparar con cuatro años a quien se enfrentará al candidato del PP que pudiera no ser Gallardón. Si no aciertan ni así, demostrarán, como hasta ahora, que les importa más su cohesión interna que su papel como alternativa.
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