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La plaza del Madrid Arena

jueves 14 de marzo de 2013, 00:00h
Actualizado: 25/03/2013 08:32h
Sé que esta columna es poco correcta, políticamente hablando, pero creo que el caso lo merece. Resulta que el Ayuntamiento de Madrid va a llevar a Pleno, con el apoyo de PP, PSOE e IU el dedicar una plaza del distrito de Barajas a dos de las fallecidas en la fiesta del Madrid Arena.

Pasado el suceso, que dejó en 'shock' a la ciudad y KO al Ayuntamiento, es necesario tener la cabeza fría. Si informativamente hablando ha pasado por fin el capítulo de las noticias amarillistas que enmierdaban el asunto, más que dar claridad a la situación, los políticos tienen que hacer lo propio.

No vale decir que, de esta manera, se les hace homenaje a las niñas muertas. En primer lugar, porque son honores a medias. Otras tres adolescentes más fenecieron y la calle para ellas ni está ni se la espera. Pero, además, porque si se les da un espacio público, se les debería otorgar también a otras muchas víctimas fortuitas que suponen auténticas desgracias personales para sus familias y entornos. Puestos a hacer populismo barato pongamos ejemplos que ya apestan: ¿dónde está la calle de las víctimas de accidentes de tráfico? ¿o la de las víctimas de violencia de género? ¿o la de las víctimas del terrorismo que no murieron en el 11-M? O si queremos hablar de sucesos del mismo calibre del Madrid Arena, ¿dónde está la calle a los muertos en el accidente del Metro de este verano?

Tampoco vale decir que son un símbolo para que conozcamos la historia y no se vuelva a repetir. Porque no he visto a ninguno de estos responsables públicos que ahora se rasgan las vestiduras recordando que hubo otra chapuza similar con Alcalá 20. Todos saben que, desde entonces, no se incrementaron debidamente los controles. La historia se repite y no pasan más tragedias parecidas porque Dios hace horas extra.

Entonces, ¿cuál es la razón de darles una calle? La única es el maquillaje político. Es regalar un espacio público a unas pobres chicas que tuvieron la mala suerte de estar en un lugar peligroso en el momento equivocado. Murieron por culpa de irresponsables y de gente sin conciencia. Esta plaza sirve para tapar las vergüenzas de una administración que ha metido la pata hasta el cuello. Y lo peor es que el homenaje cuenta con el aplauso del Partido Socialista e Izquierda Unida, que parece que no han podido o no han querido resistir la tentación de ponerse también la medalla ante la sociedad. Aunque no he hablado con las familias para contrastarlo, estoy seguro de que, más que calles, lo que quieren es justicia. Es lo único que puede restituir una pequeña parte de lo que perdieron. Porque todos los aplausos del mundo no les van a devolver a sus seres queridos.

El uso de los homenajes públicos con un fin político es más antiguo que el descubrimiento del fuego. Se regalan medallas de honor a los amigos y se dan cargos honoríficos a gente cuyo único mérito es estar colgado de la cuerda de un partido político. Pero, sobre todo, se da el nombre de espacios públicos a gente con motivos que buscan más el titular de periódico que el verdadero homenaje. Luego, así pasa. Personalidades de la política, la cultura, la economía y la sociedad, que es para quienes supuestamente se reservan estos espacios, quedan durante décadas en el limbo del reconocimiento, mientras que flores de un día ponen nombre a bibliotecas y avenidas.
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