Crítica.- La anarquista: de poder a poder
viernes 11 de enero de 2013, 00:00h
Actualizado: 14/01/2013 15:51h
Hasta el próximo día 27 se puede ver en la sala pequeña del teatro Español, en el distrito Centro, el montaje de La anarquista, un texto de David Mamet que se estrenó simultáneamente en Broadway. Pero allí solo se mantuvo en escena tres semanas. Aquí cuenta con la baza del extraordinario trabajo de Magüi Mira y Ana Wagener.
Ni PattiLupone y DebraWinger pudieron mantener en Nueva York un texto débil y reiterativo, con muchas carencias dramáticas. Asistimos a una entrevista entre una condenada por asesinato y la funcionaria de prisiones que puede decidir su puesta en libertad tras treinta y cinco años de reclusión. La primera tuvo un pasado como anarquista que le llevó al crimen. La segunda parece que basa en el poder su existencia, obviando otras necesidades vitales. Se establece un duelo dialéctico sobre la posibilidad de reinserción, de arrepentimiento.
Las dos mujeres juegan a acorralarse con argumentos que se repiten machaconamente. El autor da vueltas sobre los mismos temas durante poco más de cien minutos, y acabamos por aburrirnos. La acción no avanza y se llega al final porque se ha cumplido el tiempo de representación. Tampoco nos queda clara la extraña relación entre ambas. En algún momento la anarquista llega a preguntarle a la otra por su interés obsesivo. Pero las razones que se dan, no convencen. Y, como en otras obras de Mamet, no hay un giro sorprendente en las últimas escenas que nos dejen cavilando.
Este montaje del Español se sostiene porque las dos actrices y el director han hecho un minucioso trabajo, un ejercicio interpretativo con el texto de Mamet como pretexto. Magüi Mira realiza una interpretación soberbia como la anarquista sibilina que pretende convencernos de su conversión a las doctrinas de Cristo. El suyo es un trabajo medido, con un sentido del ritmo prodigioso. La loba que existe bajo su piel de cordero, asoma implacable en los últimos veinte minutos de la función. No es menos valioso el trabajo de Ana Wagener, agresiva, implacable, escéptica… Mantiene un pulso con su oponente que termina en tablas, porque ninguna de las dos interpretaciones puede imponerse a la otra.
José Pascual, que ha dirigido unos cuantos textos de Mamet, mueve a las actrices con parsimonia, como midiendo los saltos de piezas de ajedrez en el limitado tablero de un despacho carcelario. Marca unas subidas de tono, de intensidad que contribuyen a mantenernos atentos, más por cómo se dice que por lo que se está diciendo.
Seguramente Mamet quiere que reflexionemos sobre los límites, sobre los abusos, del poder civil. Y no le queda claro si también pone en solfa las ideologías extremistas que acaban derivando en asesinatos. Tuve la impresión de que, como autor, se pone de parte de la delincuente. El texto también justifica endeblemente –o no lo hace- las alusiones a otros damnificados por el atentado de la prisionera. No acabamos de entender por qué los familiares de los muertos siguen acudiendo a la prisión 35 años después del crimen.
Pero, por resumir: la interpretación de Magüi Mira y Ana Wagener bien merece una visita a la sala pequeña del Español.