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Tempestad: los amigos se divierten

domingo 30 de diciembre de 2012, 00:00h
Actualizado: 02/01/2013 15:21h
Sergio Peris-Mencheta presenta hasta el 20 de enero, en las Naves del Español, su particular versión de “La tempestad”, de Shakespeare. Un montaje imaginativo, brillante, que lleva ya varios meses recorriendo España. Un trabajo colectivo en el que se advierte claramente que todo el grupo se divierte haciendo teatro.
Siete actores se transforman constantemente en veintidós personajes para narrar la venganza de Próspero sobre el hermano que le arrebató el poder. Próspero tiene un libro lleno de encantamientos que le permite –con la complicidad del duende Ariel- perpetrar todo tipo de fechorías.

Peris-Mencheta se decanta por el tono de comedia para su versión de Shakespeare. Prefiere recrearse en los encuentros de los “graciosos” con Calibán, un bestia reconrosa y vengativa, que sobre las disquisiciones sobre el poder. Su montaje parte de una imaginación desbordante para que su grupo de actores –que como tal inician la función-  puedan representar desde el hundimiento de un bajel hasta los vuelos mágicos de Ariel. En este sentido la propuesta es muy eficaz y el público entra inmediatamente en la ficción. Modélica la recreación de la tormenta a  base de una escalera de tijera y unos paraguas blancos. La escena, en general, es luminosa y brillante. Quizá las proyecciones de fondo podrían estar más cuidadas. El suelo de arena, a modo playero, sirve muy bien para situarnos en la isla y para que los actores-personajes jueguen (play) a hacer teatro.

A mí me da la impresión de que el tortuoso personaje de Calibán no encaja plenamente en la propuesta. Quizá el director quiera hacernos ver que es un tonto descerebrado, pero lo cierto es que sus parlamentos están llenos de odio hacia quien le privó de la posesión de su isla. Su alianza contra Próspero más parece una rabieta de criatura consentida que el plan de un traidor para librarse de quien lo tiene sometido. La interpretación de este personaje alarga excesivamente las escenas, lastrando el ritmo de la tempestad.

Hay, además, un estupendo trabajo conjunto de todos los actores aunque, como suele pasar en los textos clásicos, son los graciosos los de más calan entre el público. Pero es un trabajo completo y complejo que incluye todo el movimiento escénico. Los tres músicos que ilustran la representación se integran constantemente en la acción teatral como una trinidad que da vida a Ariel.

La función es divertida y atrevida. Gusta al público, que sale satisfecho de ver a nuevos equipos teatrales con talento suficiente para deparar nuevas sorpresas en el futuro más inmediato.
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