El teatro Marquina cumplirá el próximo 21 de diciembre, 50 años desde que estrenó su primera función. El teatro ha pasado por diferentes tiempos y manos. El autor que lleva su nombre, Eduardo Marquina, falleció en Nueva York 13 años antes de que abriera sus puertas.
El próximo 21 de diciembre el teatro Marquina de la calle Prim celebrará su cincuenta aniversario. Que un teatro madrileño llegue al medio siglo es una pequeña alegría en estos tiempos de crisis general en la sociedad. El teatro siempre se ha movido entre malos tiempos y peores -los actuales están entre los últimos. Por eso satisface hablar de una sala que cumple medio siglo de vida. Con algunas etapas problemáticas, pero definitivamente consolidada en el panorama escénico madrileño.
Eduardo Marquina
El teatro lleva el nombre de Eduardo Marquina, un dramaturgo que nació en Barcelona en 1878 y falleció circunstancialmente en Nueva York en
1946, trece años antes de que se abriera esta sala. Darle el nombre al nuevo teatro era obligado porque pudo construirse gracias al legado que dejó al Montepío de Autores. Marquina comenzó a triunfar en la poesía, en la línea del modernismo catalán, publicando sus primeros libros con poco más de veinte años. Tras el debut teatral encadenó los éxitos durante casi tres décadas.
.jpg)
En 1901 realizó sus primeros contactos madrileños. Viviría en esta ciudad en la calle del Barquillo, muy cerca de donde años más tarde se levantaría el teatro que lleva su nombre. Además de su fecunda producción dramatúrgica, desempeñó importantes cometidos administrativos.
Fue el primer presidente, en 1939, de la Junta Nacional de Teatros. También presidió la Sociedad General de Autores cuando se refundó el año 1932 y ocupó el sillón “G” en la Real Academia Española. Su hijo, Luis Marquina, fue un director de cine, con una extensa filmografía como realizador y guionista desarrolla entre los años 1935 y 1972.
Eduardo Marquina escribió algunas de las obras más representadas en la primera mitad del siglo XX: 'Las hijas del Cid' (su debut en 1908), 'En
Flandes se ha puesto el sol', 'La ermita, la fuente y el río', 'Las flores de Aragón' o 'Fuente escondida'. En la actualidad sus comedias y dramas
de corte histórico han desaparecido prácticamente de las carteleras.
Primera etapa (1962-1983)
El Montepío de Autores, para sacar rentabilidad a la herencia de Marquina, impulsó en 1960 el proyecto para construir un nuevo edificio de teatro y residencias, estimando el presupuesto de la obra en nueve millones y medio de pesetas. El teatro había de tener 340 butacas en platea y 154 en anfiteatro, siendo proyectado por José María Bosch Aymerich, uno de los arquitectos más apreciados en Madrid durante la segunda mitad del siglo pasado. En la Capital, además del Marquina, proyectó edificios de gran envergadura, como la clínica Puerta de Hierro o la sede de La Caixa en el paseo de la Castellana.
La inversión no fue rentable para el Montepío, que gastaba más de lo que ingresaba por las rentas. Entonces una sociedad participada por el productor Alfredo Matas, el banquero Jaime Castells y el actor Alberto Closas ofreció a los propietarios hacerse con la empresa.
Closas invirtió el dinero que había ganado la temporada anterior haciendo teatro en París. La sociedad de hizo con una concesión
administrativa para veinte años.

El 21 de diciembre de 1962, con la obra Operación Embajada, de Joaquín Calvo Sotelo, se levantó el telón. Alberto Closas se dirigió al público antes de comenzar la representación, manifestando su emoción por contar con un teatro propio. El presidente del Montepío de Autores, señor Fernández Shaw leyó unas palabras en nombre de su sociedad y también las que había escrito para la ocasión Luis Fernández Ardavín, presidente entonces de la Sociedad General de Autores. No faltó la presencia espiritual del inspirador del proyecto.
La voz grabada de Eduardo Marquinase escuchó en el teatro que llevaba ya su nombre recitando un poema de En Flandes se ha puesto el Sol. Este fue el reparto de la primera función: Alberto Closas, José Luis López Vázquez, Susana Campos, Ana María Custodio, Manuel Collado, Félix Dafauce y Belinda Corel. El primer actor fue también el director y titular de la compañía, que siguió estrenando nuevos montajes los meses siguientes.
No duraron mucho los primeros empresarios. Alberto Closas vendió su pequeña participación en el negocio pocos años después de la apertura y los otros socios tampoco se mostraron muy interesados en el teatro. Así que en 1965 lo arrendaron a Andrés de Kramer en 1994. Era un agente literario húngaro -nació en Budapest- que llegó a España durante la II República. Además de su trabajo literario, que le permitía introducir en el cerrado mundo teatral español nuevos autores, fue representante de dos grandes estrellas de la posguerra: su compatriota LilíMurati y Celia Gámez.

La primera obra con la que comenzó su andadura como empresa fue Los gatos en septiembre de 1965. Aunque esta producción no fue muy rentable, después siguieron otras que sí gozaron del favor del público, como 'La casa de las chivas' o 'Las mariposas son libres'. Durante su etapa como empresario, el señor Kramer actuó también en numerosas ocasiones como productor de los espectáculos que se programaban. Intentó incorporar a la actividad escénica a profesionales de otras ramas.
La programación desarrollada en este teatro le hizo merecedor, en 1980, del premio El Espectador y la Crítica a la mejor programación por empresa comercial. Permaneció casi veinte años al frente del Marquina, abandonándolo la primera semana del año 1983. Las últimas temporadas de su gestión fueron deficitarias económicamente porque los montajes eran costosos –Amadeus, Agnus Dei- y la respuesta del público escasa. Precisamente el 2 de enero de 1983, con la última representación de Agnus Dei se cerró el teatro, sin perspectivas de volver a la vida.