Corrupción
lunes 03 de diciembre de 2012, 00:00h
Actualizado: 17/12/2012 10:16h
Nada es tan importante como desterrar la corrupción de la vida española. No me refiero solo a los políticos que son los que más sufren las sospechas, las injusticias y las persecuciones aunque en demasiados casos se lo merezcan.
Mi deseo, mi reclamo a la sociedad, mi anhelo, mi grito de hartazgo incluye
a todos los profesionales susceptibles de corromperse por unos u otros motivos que son muchos.
Todos sabemos a quienes me refiero. No hace falta buscar definiciones ni explicaciones especiales. La corrupción está suficientemente clara en el desarrollo de la vida diaria. Todos sabemos distinguir al corrupto sin necesidad de ayuda exterior. Lo que presenta más problemas es reconocer en nosotros mismos ese ejercicio ilegal de llevarse lo que no nos pertenece. Lógicamente la corrupción necesita, para que merezca la pena nombrarla, proximidad con el poder, el dinero o ambas cosas. De lo contrario todo se queda en llevarse unos folios o un bolígrafo de la oficina. Que también es corrupción pero que se considera de bajo perfil y eso no aparece en los medios de comunicación porque vivimos en una sociedad en la que se toleran demasiadas cosas. De ahí que un corrupto se pueda presentar a unas elecciones y ganarlas sin dar
explicaciones por su enriquecimiento personal. Lamentable.
Entre los interesados, los que manifiestan unas intenciones y llevan a la práctica la contraria, los inútiles que esconden su incapacidad detrás del peloteo al líder y los enchufados de familia, tenemos una nómina de nombramientos inservibles que en época de crisis se nota más que nunca. De los que dirigen cualquiera
de las administraciones de las que dependemos tantos y tantos ciudadanos ¿cuantos son capaces de crear medidas para salir de la situación en la que estamos metidos? Pocos. Quizá menos de los que pensamos y eso que no somos generosos. Que quieren que les diga, a mi me asusta ver tantos errores de gestión, incluso en perjuicio propio.
Fíjense: Artur Mas, sin ir más lejos. Aborta una legislatura en la que gobernaba cómodamente para meterse en un lío espectacular y dejar a Cataluña en una situación ingobernable. Y todo porque no sabe gestionar lo que tiene entre manos. ¿A quién se le ocurre convocar elecciones para perder poder? Urdangarín, un hombre que gozaba de una situación de privilegio y con pocos riesgos y, sin embargo, lleva la gestión personal al error hasta llegar a
donde todos sabemos. O este señor, Presidente del Consejo General de la Ciudadanía en el Exterior, que ha dicho que las leyes están, como las mujeres, para violarlas. ¿Quién le ha nombrado? No creen que la imprudencia demostrada le impida ocupar un puesto en la administración pública. Lo de la imprudencia verbal no es nuevo. No se ha convertido en lo que es, ahora, ya lo era antes de decir lo que ha dicho. ¿Quién decidió nombrarle? También debería dimitir o ser cesado. Todo esto sucede porque a los políticos nadie les pide el curriculum para ocupar un cargo al que nunca deberían haber accedido. ¿Cuántos hay en puestos que no saben defender? Sospecho que más de los que nos podemos imaginar.
Por eso cada vez que les preguntan a los ciudadanos por sus preocupaciones es mayor el número de entrevistados que reclaman un cambio en los modos de comportamiento. El 30% de los encuestados por el CIS consideran a los políticos un problema nacional. Lo peor es que antes, mucho antes, era el 18, después el 21, más tarde el 25 y ya estamos en el 30. Tampoco quedan al margen esas asignaciones bancarias a sus prejubilados de élite, cuando la banca está siendo rescatada. Alguien debería reflexionar, analizar, mirar dentro de sus decisiones y decirnos, a quienes vamos a votar, que esto va a cambiar.
Los ciudadanos no queremos que dejen de existir los políticos, ni los partidos, ni los sindicatos, ni la libertad, nuestro deseo es que sean honrados, transparentes, que los partidos controlen a sus cuadros, a quienes nombran para ocupar esos puestos que pagamos entre todos.
Que un alcalde que ha metido la mano donde no debía sea retirado por su propio partido. Que el corrupto suponga una excepción y no aparezcan
por todos los rincones, tantos que, de seguir así, vamos a tener problemas para encontrar páginas en los periódicos.