Investigadores espontáneos
lunes 05 de noviembre de 2012, 00:00h
Actualizado: 07/11/2012 11:18h
Madrid llora la desgracia de la noche de Halloween. Hoy será enterrada la cuarta víctima de esta tragedia que indudablemente tiene culpables, que hay que buscar a esos culpables entre tanta confusión, versiones contradictorias sobre los hechos, presuntas irregularidades y dejaciones, situación administrativa del local, declaraciones interesadas y otras cuando menos frívolas. La policía debe centrarse en hacer su trabajo, porque de su eficacia y pulcritud, que no dudo, depende mucho el desarrollo de la investigación judicial. La justicia debe escrutar todos los interrogantes y dar una respuesta a tantas preguntas que de momento no la tienen. Los organizadores de la fiesta tienen que colaborar activamente y el Ayuntamiento acierta cuando acepta poner en marcha una comisión de investigación, aunque personalmente, como ya he expresado en otras ocasiones, me parece que este tipo de comisiones políticas resultan baldías, por que no tienen los mecanismos y las competencias que tiene la justicia para determinar las cusas, inculpar a los responsables y dictar sentencia.
Queda mucho trabajo por realizar, y a cada uno le corresponde el suyo, si que unos interfieran o quieran entrar en los de otros, en los que no son de su competencia. En las últimas horas se confunden las cosas del corazón, del sentimiento, con las de la razón o de la normativa, con la cual podemos entrar en discrepancia, pero es la que hay mientras no se cambie. En cuanto a permisos de funcionamiento, de actividad de un local para celebrar fiestas como la que nos ha quitado el sueño a todos y la vida a cuatro jóvenes, hay que conocer la particularidad de las licencias urbanísticas antes de hacer juicios de valor, desde las licencias de construcción a las de funcionamiento, pasando por las de apertura y actividad; hay que conocer la legislación que exime a las administraciones públicas de cierto tipo de permisos y porqué en su día se hizo un amago de tramitar licencia de funcionamiento del Madrid Arena, de la que estaba exento el Ayuntamiento, pero que era obligatoria si, como pretendía, quería privatizar, vender este recinto a un particular.
Serán los jueces y los investigadores quienes determinen todos los detalles, y no aquellos que intentan protagonizar el hecho con apreciaciones personales o de forma interesada, los investigadores espontáneos. Insisto en que esta tragedia no puede ser fruto de una casualidad, y punto, tiene que haber, y seguro que las hay, responsabilidad que pueden alcanzar a diversos ámbitos, y tiene que haber, una resolución clara y contundente que impida que vuelvan a producirse hechos de esta naturaleza, situaciones de alto riesgo donde se ponga en peligro la vida de muchas personas. Las lágrimas de hoy deben servir para que mañana sea imposible que se produzcan nuevas tragedias por una serie de negligencias encadenadas.
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Cronista Oficial de Madrid y Getafe
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