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Euro... ¿qué?

Euro... ¿qué?

lunes 10 de septiembre de 2012, 00:00h
Actualizado: 22/09/2012 14:25h
El anuncio de Sheldon Adelson, presidente de la corporación Las Vegas Sands, anunciando su intención de traer su nuevo macroproyecto de ocio y turismo a Madrid, lejos de despejar incógnitas, lo que ha hecho es desatar más. Me explico: llevamos años hablando de Eurovegas, y meses esperando la decisión de los chicos de Adelson sobre el asunto.

Iba a ser antes del verano, pero se retrasó. Iba a ser a comienzos de septiembre, pero aquello no llegaba. Tomás Gómez se adelantó al propio promotor, explicando que el complejo vendría a Madrid y, más expresamente, a Alcorcón. Pero en la madrugada del sábado, Mister Adelson se descolgó con un comunicado que no alojaba demasiada luz, más allá de su intención de, si acaso, acometer una inversión en Madrid.

Pero no explicaba dónde, ni cuándo, ni cómo, ni por qué cantidad, ni en qué plazos, ni con qué elementos. Todas estas preguntas, y muchas más, quedaban pendientes de respuesta a lo largo de una "segunda fase" que se iniciaba ahora, y que durará quién sabe cuánto, porque tampoco se especificaba nada sobre plazos en su comunicado.

A día de hoy, ni los ayuntamientos afectados pueden hacer nada con sus terrenos ―una tramitación administrativa de reparcelación, recalificación o expropiación lleva su tiempo y sus pasos―, ni los políticos pueden adelantar mucho en cuanto a la legislación a cambiar, si es que esto ocurre. De hecho, de momento sólo hay, al menos en público, discrepancias entre ellos, sobre si debe o no permitirse fumar, si sólo allí o también en otros establecimientos, y otros "matices" legales similares que pueden suponer una auténtica revolución en el sector hotelero y hostelero.

Resumiendo: Adelson no aclara mucho. No sabemos cómo se va a llamar, ni dónde va a estar, ni cuándo funcionará, ni a cuántas personas contratarán ni cuánto se invertirá en el proyecto. Elucubramos porque en este caso, el deseo de que una inyección de dinero reactive la economía y anime el mercado laboral es mayor, mucho mayor, de lo que marcan la sensatez y el sentido común.

Pero como el padre de la idea es él, a los demás no nos queda otra que esperar con más o menos paciencia hasta que se defina. Y rezar, de paso, para que mientras él se decide, la situación económica no empeore, encuentre la financiación que precisa y no ocurra nada más que le haga replantearse su decisión. Que, hoy por hoy, no pesa más que los 3 gramos de papel de su comunicado.
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