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La Virgen y los cómicos

La Virgen y los cómicos

miércoles 22 de agosto de 2012, 00:00h
Actualizado: 24/08/2012 08:16h
La reciente confirmación de que en la cripta de la iglesia de San Sebastián se encuentran los cuerpos de Ventura Rodríguez y Juan de Villanueva, ha puesto de actualidad este templo, estrechamente relacionado también con el mundo del teatro. En él se encuentra la capilla de la Virgen de la Novena, patrona de los cómicos desde la primera mitad del siglo XVII.
Para encontrar la vinculación de esta advocación de la Virgen con el teatro madrileño debemos retroceder a la segunda década del siglo XVII. Un caballero florentino, Carlos Veluti, colocó en febrero de 1615, en el chaflán de su casa de la calle León con la de Santa María, un hermoso lienzo. Presenta a la Sagrada Familia. La Virgen y San José velan el sueño del Niño Jesús. Al lado Juan Bautista, también niño, hace el gesto de silencio. Por eso inicialmente la obra fue conocida como Nuestra Señora del Silencio. La azarosa –y nada tranquila- vida nocturna del barrio de las Letras trajo el sacrílego ultraje de la imagen, la noche del 24 de marzo de 1623. La Santa Inquisición, que investigó el suceso, ordenó llevar el lienzo mancillado a la sede de su Tribunal. Los vecinos del barrio y los cómicos se mostraron consternados, pues la devoción que profesaban a la Virgen era grande. Así que poco después, el 2 de julio del mismo año, el hijo del primer caballero, Pedro Veluti, y su esposa María de Haro encargaron un segundo cuadro que ocupó la hornacina. Y nuevamente fue objeto de los ataques la noche del 30 de noviembre. Esta vez se atribuyeron a los Luteranos Herejes. La repetición de las agresiones no arredró a los benefactores y el 18 de diciembre de 1623 se colocó el tercer lienzo, este pintado por un tal Juan Francisco, discípulo de Vicente Carducho.

El año del milagro
En 1624 la cómica Catalina Flores, madre a su vez de Bernarda y Ana Ramírez, también actrices, se encontraba lisiada, precisando muletas para moverse e incapacitada, por tanto, para el ejercicio de su oficio. Devota de la Virgen, hizo una novena ante el cuadro de la calle León. El 15 de julio, al finalizarla, se encontró milagrosamente curada. Sus muletas, como tantos exvotos de enfermos sanados, colgaron en la pared del lienzo. Se acentuó la fama de milagrera del cuadro, pasando a conocerse como de la Novena. Para fomentar su devoción, y garantizar su seguridad, el Vicario de Madrid ordenó al cura de San Sebastián, don Bartolomé de Aguilera y Carrillo, que trasladara a su templo el cuadro. Así se hizo solemnemente el 21 de julio de 1624, colocándose en el altar mayor, aunque más tarde fue retirado a una de las columnas. Siguió recibiendo la veneración de autores y actores. Tan grande era que el 25 de marzo de 1631, un grupo de profesionales estableció las bases de su hermandad.  Fueron los principales promotores: Cristóbal de Avendaño, Lorenzo Hurtado de la Cámara, Manuel Vallejo, Tomás Fernández de Cabredo y Andrés de la Vega. La primera escritura y constituciones de la Cofradía de Nuestra Señora de la Novena se autorizaron el 12 de junio de 1633.

El cuarto lienzo
No solo los profesionales de la escena veneraban a esta Virgen. Las damas de la nobleza la visitaban con frecuencia y organizaban su culto. Una de estas señoras, la condesa de Chinchón (no la retratada por Goya) padecía hidropesía en el final del siglo XVII. Ordenó que se llevara a su palacio el lienzo de la Virgen de la Novena. Se supone que obró el milagro de curarla. La señora decidió apropiarse de la imagen, encargando una copia fiel a un anónimo pintor de su camarilla. Ese fue el cuadro que devolvió al culto en San Sebastián. Sin embargo a su muerte, ocurrida el año 1709, dejo dispuesto que se restituye la obra original. Así que la cofradía se encontró con dos vírgenes prácticamente iguales. En todos estos años, los devotos se empeñaban en que tuviera su propia capilla en la iglesia. Los hermanos de la cofradía tenían sus obligaciones económicas hacia ella.

El 3 de octubre de 1754 se aprobaron definitivamente las nuevas constituciones de la Congregación, en las que se marcaban las cuotas a abonar, procedentes de las representaciones y los derechos de autor. De este documento se deduce que solo podían ser hermanos los hombres. Repetidamente se alude a los “hermanos de sexo varonil”, sin ninguna referencia a las mujeres. Otras hermandades o cofradías siempre han tenido “camareras”, pero estas no aparecen en el reglamento de 1754.

El entierro en sagrado
Algunos actores repiten, como signo de rechazo a su profesión en el pasado, que los cómicos no podían ser enterrados en sagrado. No he encontrado hasta la fecha ningún documento que corrobore esta afirmación. Pero de los documentos sobre la Congregación de la Novena parece desprenderse justamente lo contrario. Sabido es que las cofradías, en los siglos XVI y XVII, estaban directamente ligadas a los corrales de comedias, como el de la Cruz y el del Príncipe en Madrid. Y vemos como los teatreros profesaban tal devoción a la Virgen que fundaron su propia cofradía. En el documento de constituciones de la misma de 1754, se lee textualmente:

“Celebraban en aquel tiempo las Compañías de Representantes de esta Corte, con los necesarios permisos, varias funciones al Mysterio Milagroso de la Encarnación de Increado Verbo Eterno en las Purísimas Entrañas de María Santísima Señora nuestra, para cuyo efecto se les había destinado el Colateral de la Epístola, en que hoy se venera la efigie de Seraphin Humano Francisco, al pie de cuyo altar tenían cuatro sepulturas destinadas para los entierros de los difuntos Cómicos”.

O sea, que disponían de sepulcros en lugar sagrado, como el templo de San Sebastián.

Pero con anterioridad existen documentos del entierro en sagrado de cómicos. El año 1634 el autor Manuel Vallejo, que actuaba con su compañía en Barcelona, obtuvo de los padres Agustinos Descalzos de Santa Mónica el beneplácito para extender la devoción a la Virgen de la Novena en la bóveda de su convento. El escritor “hizo a su costa la expresada bóveda para que en ella se enterrasen en aquel entonces y en lo sucesivo todos los individuos de la Compañía Cómica Española”. La primera inhumación se produjo el 6 de agosto de 1635. La difunta era María Riquelme, actriz y esposa de Vallejo. Encima de su sepulcro figuraba el epitafio “El fénix de la Representación Española”.

Doscientos cincuenta años más tarde, en los estatutos de 1906, se cita expresamente que la hermandad disponía de panteón en el cementerio de La Almudena en el podían ser enterrados los cofrades. Estos nuevos estatutos se aprobaron el 4 de abril de 1906. A lo largo del siglo XX son escasas las referencias a esta devoción. Si acaso visitas de las actrices al templo coincidiendo con la Semana Santa y el empeño de la escritora Pilar Millán Astraypor reactivar la Hermandad.

Recordamos, para finalizar, que en esta iglesia, declarada Monumento Nacional en 1969, fueron bautizados y enterrados escritores, actores y arquitectos desde el principio del siglo XVI. En el cementerio que ocupaba la superficie del actual vivero, en la esquina de la calle Huertas, se enterraron muchas de estas personalidades, entre ellas Lope de Vega. Al desaparecer el camposanto, los restos del Fénix de los Ingenios se trasladaron al interior de la iglesia, donde sigue figurando su sepultura.
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