Hay que reconocer a La Barni Teatre su valor. Atreverse a montar un espectáculo de copla sin adornos, subterfugios o justificaciones, es meritorio. "Le llaman copla" es poco más que un concierto y está en la sala pequeña del Fernán Gómez hasta el 5 de agosto.
Su anterior montaje, "Miguel de Molina en el recuerdo" fue muy bien acogido por el público. En ese caso el repertorio de Molina estaba sostenido por una historia y, dramáticamente, podían justificarse algunas carencias musicales. Ahora se decantan por cantar casi una veintena de temas muy populares sin el engarce de una historia. Y es cuando se pueden echar en falta algunas de las cualidades imprescindibles para enfrentarse a este género. Porque, tras la reivindicación de la copla en la ya lejana Transición (antes -¡qué tontería!- se consideraba franquista) cantantes de grandes facultades se han adentrado en su territorio. Han cantado copla Martirio, Miguel Poveda, Pasión Vega y, hasta Serrat. Se cumplen ahora veinte años del estreno de "Azabache", un espectáculo producido por la Expo 92 para mayor gloria de Rocío Jurado, heredera del talento de la coplera por excelencia, Concha Piquer, para este tipo de canciones. Pero es que, desde Molina hasta Juana Reina, han cantado coplas artistas geniales, capaces de dotar a sus conciertos del desagarro y la desmesura que parecen obligadas para este cante.

Los artistas de La Barni Teatre se mueven en otro terreno. Optan por una dramatización gestual de los temas, sin opción a alardes vocales. Y, como casi todas las letras cuentan dramas tremendos, pues asoma un poso de tragedia en el espectáculo. A lo mejor es que la copla es eso, drama y tragedia. Aunque también introduzcan algún apunte de otro género, el cuplé, cuando cantan "La vaselina".
Hay algún momento, desde mi punto de vista, poco afortunado, como la interpretación de "La bien pagá", excesiva de violencia y corta de facultades. Funcionan muy bien todos los temas que cantan a coro los cinco intérpretes. E, individualmente, los chicos tienen un perfil y voces más copleros. Creo que el espectáculo ganaría en intimidad con un volumen menos excesivo de los cuatro instrumentistas. Están casi siempre muy por encima de las voces.
La Barni Teatre es una compañía de jóvenes sin perjuicios, respetuosos con el patrimonio popular y, seguramente, deseosos de que el público de su generación pueda conocer un repertorio musical como el de la copla. Y también de que los espectadores mayores puedan disfrutar oyendo canciones que forman parte de sus vidas. Es una propuesta sencilla, ligera. en la que se adivina, no obstante, un trabajo y estudio intenso.