Desde que nació se sintió atraído por la belleza del arte. Quizás porque lo llevaba en los genes desde que estaba en el vientre de su madre –sus padres eran artistas plásticos- pero también porque su profesión le ha brindado la oportunidad de conocer las tendencias artísticas en todo su esplendor en diferentes países lo que le ha convertido en un coleccionista de excepción.
Nacido en Segovia en 1925, Félix Cañada está a punto de cumplir los 87 años. Con una lucidez increíble repasa las vivencias que a lo largo de su vida le han regalado tantas satisfacciones. No se queja de la vida, al contrario, agradece los momentos felices que, como confiesa, se guarda para él, por ser algo “personal e íntimo”.

Conversar con Félix es como hablar con un libro abierto lleno de sabiduría. En la repisa de la ventana del salón de su casa reposan un variado número de piedras que ha ido reuniendo a lo largo de muchos años a través de sus proyectos profesionales. Y es que este amante del arte es doctor
Ingeniero de Minas por la Escuela de Minas de Madrid, investigador, profesor, geólogo e impulsor de la prospección geoquímica.
Basta con contemplar su hogar para darse cuenta de su pasión por el arte. Pinturas, esculturas, retratos forman parte de una colección que abarca desde el siglo XIV hasta nuestros días y que decora las paredes y rincones de las estancias. “Esta casa estaba abarrotada de obras y piezas. Las guardaba todas en un piso alquilado hasta que decidí donarlas”, recuerda Félix haciendo memoria sobre las
2.000 piezas con las que se ha hecho a lo largo de 60 años, convirtiéndose su colección privada en una de las más ricas de España, aunque él habla de una selección “modesta pero variada”. Nunca buscó firmas conocidas porque estaban “fuera de su alcance”, asegura. Los artistas más desconocidos, pero no por ello, menos bellas sus obras, son con los que más satisfacción contempla.

Todavía recuerda cómo inició su colección pictórica. Fue en un pequeño rastro madrileño ubicado en Vallecas, coincidiendo con una adolescencia difícil por la guerra. Allí encontró un pequeño cuadro de
Aureliano Beruete que le costó un duro. A partir de ese día y tras formarse como ingeniero, comenzó a adquirir obras de arte. Una afición que ha cultivado en sus numerosos viajes a Arabia, Rusia, Yemen y una larga lista de países. “Siempre que podía adquiría aquello que motivaba mi sensibilidad artística”, cuenta Félix, “siempre ajeno a intereses especulativos”.
Tras un acercamiento a la
Fundación Gómez-Pardo, Félix decidió donar gran parte de su patrimonio artístico, unas 500 piezas, porque considera que el arte es patrimonio de la humanidad. “Cuando un cuadro sale de la mano de un artista, es de todos”, asegura con firmeza cuando habla de su contribución. Pero no solo el museo madrileño puede disfrutar de esta colección. Otras valiosas piezas también han sido donadas al
Alcázar de Segovia y al ayuntamiento de Aranda del Duero, donde pasó su infancia, y donde se abrió un museo, la
Casa de las Bolas, con cuadros regalados por él mismo.

En el museo de la capital madrileña, que lleva el nombre del donante de sus obras, Félix Cañada, encontramos casi cincuenta cuadros y seis esculturas comprendidas entre los siglos XVI y XX donde figuran algunos nombres propios como
Sir Thomas Lawrence,
Juan de Arellano y
Gutiérrez de la Vega, entre otros. También se pueden contemplar obras muy próximas a otros grandes artistas consagrados y que abarcan todo tipo de temática: religiosa, costumbrista, retratos, paisajes, bodegones y naturaleza muertas. Las tallas de madera policromada se inscriben en los círculos de grandes escultores como
Pedro de Mena.
Los cuadros y esculturas han sido distribuidos en varios espacios en los que también se incluyen muebles, piezas de bronces, cristal y cerámica. Y cuando comiencen las obras de reacondicionamiento del edificio, habrá más espacio, unos 300 metros cuadrados los que albergarán el total del conjunto. Este nuevo ámbito permitirá mostrar una extensa colección de
Art Nouveau y
Art Deco, porcelana de Meissen y esculturas españolas y de otros países realizadas en materiales diversos como la terracota, la madera y el bronce.

Entre las piezas más valiosas que se pueden encontrar en el museo aparece imponente, entre tanta belleza artística, un
piano de cola que significó mucho para él. Se trata de un ‘
Stein way and Sons’ que permitirá celebrar conciertos de música clásica en la sede de la Fundación. Y es que Félix es un entusiasta de la música. Hoy en día, sigue tocando el piano, entre muchas de sus actividades; también es escritor y ha publicado obras como ‘
La doctora gala’, ‘
Lidia y la gaviota’ y ‘
Gibraltar, una utopía en el estrecho’, entre otros.
A pesar de su gran donación altruista, este ingeniero de minas no ha querido desprenderse de algunas obras que tienen un significado muy especial para él, como el cuadro en el que aparece una Virgen. Mirando al rincón donde se encuentra colgado dice estar convencido que pertenece a Zurbarán, aunque no está confirmada su autoría. “Mientras viva, estará aquí. Luego ya podrá ir a la escuela”, confiesa. En otros rincones de su casa permanecen en el mismo sitio donde fueron colocadas hace ya muchos años, algunas esculturas de bronce -similares a las donadas al museo-, otras pinturas, cerámicas y terracotas.
Entre sus artistas preferidos, ocupan un lugar privilegiado Leonardo Da Vinci, Van Gogh, Dalí y Picasso. Seguidor incondicional del buen arte español, anima a visitar su legado paseando entre todo lo que en su día formó parte de su ajetreada e intensa vida. Una sensibilidad artística que ahora puede ser contemplada por todos los que se acerquen a disfrutar de su colección.