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Sin techo

Sin techo

viernes 03 de febrero de 2012, 00:00h
Actualizado: 17/02/2012 12:52h
Qué difícil, qué extraño nos resulta lo que es diferente. Qué ajena la vida de los otros, los que se apartan de la "normalidad". Con qué extrañeza miramos, casi sin reparar, a esas personas que se acurrucan en una esquina, sobre colchones viejos o cartones sucios.

Cómo nos gustan sus historias cuando alguien con suficiente ánimo se acerca a preguntarles y los vemos por la televisión. Cuando el frío es tan intenso como estos días, qué duro se hace pensar que no podamos dotarnos, con tanta civilización y tanto progreso, de medios para evitar que mueran congelados en esa esquina, aunque sea por deseo propio.

Juan Barranco lo contaba: cuando era alcalde, y en una noche gélida del gélido invierno madrileño, un sin techo se empeñaba en dormir al raso en plena Gran Vía. El alcalde, de ronda nocturna, armado de paciencia y de su mejor retórica, intentaba convencerle. Pero el ciudadano, aunque no tenía techo, sí contaba con cultura y conocimiento, y con espíritu suficiente para reclamar, ante la máxima autoridad, su derecho constitucional a hacer con su vida lo que quisiera.

Sé que es un debate complicado. Quienes trabajan cerca de personas sin recursos hablan de dignidad, de respeto, de situaciones dramáticas, de vergüenza porque les vean en un albergue, de preferir el anonimato de un cajero o los bajos de un puente a tener que dar explicaciones a otra personas de por qué se ha llegado a esa situación.

Cientos, miles de casos, tantos como personas. Pero sigue resultándome muy duro que en pleno siglo XXI, no seamos capaces de evitar que, habiendo camas vacías en los albergues, algunas personas aún pasen noches bajo cero tirados en la calle. 
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