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La palabra y la Semana de la Cooperación

La palabra y la Semana de la Cooperación

jueves 08 de septiembre de 2011, 00:00h
Una dramática noticia cubría una ínfima parte de la información de los diarios hace pocas fechas: Naciones Unidas, la ONU, informaba que unas 750.000 personas corren el riesgo de morir en Somalia por la hambruna en los próximos meses. Más de cuatro millones de personas están en situación crítica en ese país del Cuerno de África en el que la mayoría vive mal, unos ocho millones de personas. La ausencia de una respuesta adecuada a este drama afecta sobre todos a los niños. Eso dice la ONU, que añade más: En Somalia, Etiopía y Kenia se estima que 2,3 millones de niños sufren desnutrición aguda.

Me viene a la mente que hace muy pocos años, gobernantes del llamado mundo desarrollado, reunidos en lujosas estancias y acompañados de asesores y demás entendidos, eso dicen ellos, en la llamada Cooperación al Desarrollo, hablaban sin cesar, y con mucha publicidad, de los Objetivos del Milenio: reducir a la mitad entre 1990 y 2015 el número de personas con ingresos inferiores a un euro al día y el número de hambrientos en el mundo. El presidente del Gobierno de España, José Luís Rodríguez Zapatero, sacó pecho ante esas cuestiones tan sensibles, se comprometió a dedicar el 0,7% del Presupuesto estatal en poco tiempo a la Ayuda al Desarrollo y llegó a decir que no recortaría ni un euro a tan humanos fines.

Afirmó que antes de quitar fondos a esos niños que dentro de poco serán cadáveres, se cortaría un brazo. Llegó la crisis y donde dije digo, digo Diego y demostró que la palabra puede ser un arma de engaño, mentira y triunfalismo fotográfico. Robó a los niños que caerán como moscas muchos millones de euros, demasiados, y convirtió esta materia en una asignatura política sin valor, como las clases de costura para mujeres en los tiempos en los que la libertad era un deseo y una lucha hasta conseguirla. Días después de leer esta breve noticia sobre la muerte y la hambruna, me entero de que se celebra la Semana de la Cooperación, organizada por la Aecid, dependiente del ministerio de Trinidad Jiménez y encargada de la Ayuda al Desarrollo, y de que la guerrillera de la palabra Gioconda Belli, poetisa y escritora nicaragüense, además de luchadora contra la dictadura de Anatasio Somoza, participa en la citada Semana.

No me enteré de estas jornadas por el esfuerzo de los que hablan poco del Desarrollo por temor a que les saquen los colores por recortadores de los dineros para combatir el hambre y por despreciar el valor de la palabra dada. Alguien que padece retortijones ante estas noticias me guió por el camino que llevaba a la poetisa de Nicaragua.

Bien sentado en la sala, escuché con paciencia la intervención de un señor que presentó el acto y que se fue corriendo a inaugurar más pantanos. Dijo naderías propias del que sirve lo mismo para un roto que para un descosido. Por fin intervino Gioconda Belli y reivindicó la palabra, la democracia y el papel de la mujer en la Cooperación. Dio una importancia destacadísima al poder de la palabra y se refirió a ella como principio vital para conseguir un mundo mejor. La palabra, no para vencer ni engañar, sólo para convencer. Mujer de izquierdas y participante en el Frente Sandinista que luchó contra la ignominia de la dictadura no se arredró a la hora de poner verde al actual presidente Daniel Ortega, usurpador de unas siglas y que corta las cabezas a los que critican su amor al poder por el poder.

No sé cuántas instalaciones educativas se podrían levantar en zonas de hambruna con el despilfarro de cada uno de sus viajes, en compañía de su familia y sus seguidores aprovechados, expuso la poetisa. No paró de dibujar imágenes de paripé democrático en el que la disidencia contra el pensamiento único se castiga con la expulsión del paraíso gubernamental y del partido que proporciona salarios y produce miedo al debate y a la participación por temor al hacha de los secuaces del jefe de turno.

Me gusta su amor por la palabra y su divertida utopía en la que dibuja un mundo en el que las mujeres llevan la voz cantante y organizan el trabajo y la familia de una manera en la que los valores autoritarios pasan a la historia y aparecen otros basados en la conciliación y el erotismo femenino. Aclaró que no hablaba de pornografía, sino del erotismo de la belleza y el amor. Decenas de miles de niños morirán por no comer y los encargados de luchar contra esta lacra parece que se organizan no bajo el signo del mérito y la capacidad a la hora de llenar sus departamentos, dirigir sus acciones y combatir con la palabra los recortes y los dineros mal gastados. Cuando es una asignatura no prioritaria, para qué esforzarse. Con llenar los despachos de 'amigos de', 'familia de', colocado por y traídos por orden de partido, es suficiente. Gracias Gioconda.
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