Los monstruos con piel de humano
Por
Pedro Fernández Vicente
jueves 28 de julio de 2011, 00:00h
Actualizado: 16/08/2011 17:10h
La crisis económica nos ha provocado problemas de solvencia pero también nos ha obligado a pensar en otras cuestiones menos económicas. La reflexión por la marcha de nuestro presupuesto personal nos ha hecho percibir carencias a las que nos tenemos que enfrentar de forma cotidiana y para las que no tenemos una solución. Una es la falta de respuesta para determinados comportamientos. Me refiero a delincuentes poco habituales, como el caso del salvaje de Oslo que ha matado a más de setenta personas y lo ha intentado con muchas más. ¿Cómo afronta la Justicia un caso como este?
La ley no tiene una respuesta singular para un delito que sí lo es. Los legisladores, faltos de imaginación habitualmente, se sienten satisfechos por redactar una serie de normas que responden a lo cotidiano: un robo aquí, un atraco allá, un asesinato más o menos estipulado… Y se acabó. Es como si para cometer delitos hubiera que consultar un protocolo marcado por los administradores. Pues no, los delincuentes siempre van por delante.
Y no lo digo solo por Noruega, cuyas leyes desconozco en gran medida. Aquí, en nuestra España, tenemos suficientes casos singulares como para haberlos convertido ya en plurales y haber creado un Código Penal más flexible con respuestas contundentes a esos individuos, menores o no, capaces de convertir una tranquila y animada tarde de fiesta juvenil en una tortura inimaginable como la que tuvo que pasar Sandra Palo, por ejemplo.
Pero nada, ocurra lo que ocurra la sociedad y sus políticos no reaccionan, no hay una respuesta apropiada a estos monstruos con piel de humanos que viven entre nosotros y que los descubrimos siempre tarde por unos hechos que merecen una atención especial. No bastan unos cuantos calificativos exagerados y vuelta a la rutina. Una sociedad moderna está obligada a prever sucesos no habituales como este y responder con toda la contundencia que la ley permita, pero con firmeza. Que ninguno de los setenta muertos que ha dejado en el camino este asesino se sienta ignorado por todos nosotros.