martes 17 de mayo de 2011, 00:00h
Actualizado: 30/05/2011 17:17h
No se sabe de dónde vienen ni a dónde van. Ni quiénes son. Se hacen llamar llaman 'Democracia Real Ya!' y parecen moverse como pez en el agua por la realidad virtual de las redes sociales, aunque su discurso no es nada virtual. Y están descolocando a muchos en los sillones del poder; no había más que escuchar las reacciones de los grandes partidos políticos ante su primera acción no programada, la acampada en la Puerta del Sol: desconfianza, ambigüedad, un no saber a qué carta quedarse, ni si debían ponerse en contra o a favor del viento.
Sigo sin saber quiénes son, qué persiguen y quién hay detrás. Ellos aseguran que nadie; me cuenta algún compañero que se han negado a que vayan a sus actos políticos a "chupar cámara", y que incluso han rechazado la adhesión espontánea de un conocido actor aficionado a salir en los papeles por airear sus posiciones políticas. Pero han conseguido algo, ya de entrada: ilusionar. Hay mucha simpatía por su movimiento, mucha confianza en que siga, mucho deseo de que, por fin, haya quienes se animen a dar voz a tanta frustración. La de quien no encuentra trabajo, la de quien pierde el suyo o se ve sometido a humillantes rebajas amparadas en la crisis, la de quienes ven amenazado el futuro de sus hijos, o su jubilación; la de quienes escuchan hablar, alucinados, de los sueldos de los eurodiputados que viajan en primera clase o las noches de hotel -a casi cuatro veces el salario mínimo español cada una- de responsables inflexibles con las deudas de países que están más allá de la pobreza.
Era un comentario común en España hasta hace apenas unas semanas: hay mucha economía sumergida que alivia la crisis; si de verdad hubiera tantos parados, la gente ya habría salido a la calle. Bueno, pues ya están ahí. Aún con miles de incógnitas por despejar, y con el ojo absolutamente abierto por si alguien quiere aprovechar la ocasión para nadar en las aguas del populismo, aprovechando la frustración general, la acampada de estos hombres y mujeres que no se resignan quizá sea el aldabonazo que todos necesitábamos para despertar y pedir, por los cauces democráticos, aquello que creemos justo: el fin de muchos privilegios, una ley electoral que refleje con más objetividad la voluntad popular, y opciones políticas que consigan ilusionar.