miércoles 11 de mayo de 2011, 00:00h
Actualizado: 20/05/2011 18:21h
En elecciones hay políticos que se ponen al borde de un ataque de nervios, algunos porque temen perder lo que desde hace tanto tiempo tienen; otros, porque temen no llegar a conseguir lo que quieren tener. Pedro Castro lleva 28 años de alcalde en Getafe y aspira a conseguir cuatro más, que es algo así como aspirar a convertirse en alcalde vitalicio, en alcalde perpetuo o dueño y señor de un sillón que no está dispuesto a que nadie le arrebate en las urnas, y por lo tanto despliega toda su artillería para una resistencia numantina.
Pedro Castro es de lengua suelta cuando se le calienta la boca, y lanza frases provocadoras unas veces e insultantes otras, pero lo peor es cuando se queda en la frase intencionada, en aquella que deja en el aire para la interpretación, con un poco de trampa y algo de mala uva.
Ayer pidió, con voz desgarrada, con tono descarnado, al candidato del PP, Juan Soler, que deje en paz a los niños de su localidad y deje la campaña en los entornos escolares; que no reparta propaganda en el entorno de los colegios. Si Castro quiso decir algo más sin atreverse a decirlo, que hubiera sido claro y gallardo para enfrentarse después a los tribunales. ¿A qué viene pedir al candidato del PP que deje en paz a los niños de su localidad? ¿Qué quiere decir Castro con eso? A él se le podría pedir también que deje en paz a los ancianos de Getafe; que deje en paz a las casas regionales, a los buzones, a los que atraca de propaganda, que nos deje en paz de una vez por todas a los getafenses y no nos acose el bolsillo, que deje en paz a los que votan a la derecha y no les llame “tontos de los cojones”.
Pero Castro está nervioso porque puede perder el feudo que mantiene desde hace 28 años, que parece su única razón de ser. Quizá Pedro Castro haya tomado nota de su compañero, y no por ello amigo, Tomás Gómez, cuando pidió a Esperanza Aguirre que dejara de utilizar a niños, ancianos y parados como escudos humanos. Los excesos verbales, sobre todos aquellos en lo que se advierte cierta intencionalidad, denotan nerviosismo ante la posibilidad de perderlo todo o de no ganar nada.
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Cronista Oficial de Madrid y Getafe
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