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Corteo-Circo del Sol: ¡Formidable!

Corteo-Circo del Sol: ¡Formidable!

miércoles 06 de abril de 2011, 00:00h
Actualizado: 06/04/2011 18:22h
El payaso Mauro fallece y, desde el lecho de muerte, su alma despega viendo todo lo que sucede a su alrededor. Es “Corteo” el desfile mortuorio, que no fúnebre, de este artista, al que un coro angelical entrega enseguida sus nuevas alas. No hay tristeza por la desaparición, sino el repaso  a una vida llena de arte y alegría. El Circo del Sol hace de esta historia un espectáculo lisa y llanamente formidable.
Que haya un alarde técnico y tecnológico apabullante, no es novedad en esta empresa, habitual en los solares españoles. Que la “trouppe” sea perfecta, disciplinada y arrojada, tampoco. Más llamativo resulta en este nuevo espectáculo que el circo se arrope con una teatralidad bellísima, con una imaginación desbordante, con una imaginería deslumbrante. Supongo que gran parte de este resultado es obra de Daniele Finzi Pasca. De él, con el Circo Eloize, hemos tenido uno de los espectáculos más hermosos de las últimas temporadas: “Rain”. Ahora, la maquinaria del Sol pone en sus manos unos recursos capaces de hacer realidad casi cualquier fantasía.

Los maestros del periodismo siempre han aconsejado no abusar de los adjetivos. Pero es una tarea difícil a la hora de comentar este “Corteo”. Creo que fue Hitchcock  quien dijo de las películas que debían  “empezar por un terremoto y luego ir hacia arriba”. Este espectáculo comienza con un deslumbrante número de acrobacia aérea y sigue el consejo del veterano director. El hilo conductor del fallecido Mauro volando junto a los ángeles nos lleva de una época a otra, de un número a otro. Y, entre ellos, pinceladas  teatrales como la escena de los caballos revoltosos o de la pelota de golf miedosa. Imágenes que sorprenden, como el payaso caminando boca abajo o el desfile de unas decenas de zapatos independientes. Hay teatro bajo la carpa y, pegados a la lona, una legión de ángeles subiendo y bajando para ayudar a los mortales. El despliegue es casi interminable. Cuando la diminuta Valentina vuela entre el público, sostenida por globos, la fiesta se desata hasta llegar a un final de acto circense sumamente arriesgado.

En la segunda parte prima el circo. Ya nos lo advierten con su apertura, a cargo de saltadores de cama elástica y unos escalofriantes acróbatas aéreos que ponen los pelos de punta. Sigue la colección de atracciones clásicas: malabaristas, trapecistas de tiras elásticas, palanquistas… Circo auténtico ejecutado, sin el más mínimo error, por auténticos virtuosos. Pero siempre acaba apareciendo el detalle teatral. Como el mutis del equilibrista sobre escalera de mano. O el “teatro íntimo”. Hace falta mucho valor para intercalar este número de puro “teatrino” barroco entre tanta exhibición de músculo, riesgo y tecnología.  Finzi Pasca lo tiene y mete en pista un pequeño escenario donde los más pequeños (en estatura) artistas representan “Romeo y Julieta” como si fueran títeres manejados por los adultos. Después de dos horas de fantasía, humor y circo, Mauro tiene que decir, definitivamente, adiós a la Tierra. Lo hace a bordo de una bicicleta voladora deslizándose por un haz de luz que viene del infinito: ¡qué belleza!

El Circo del Sol, que se ha instalado en el solar de Puerta del Ángel, dentro de la Casa de Campo, tiene un público fiel. Quizá en los últimos tiempos perdiera espectadores, un poco cansados de fórmulas ya agotadas. Con “Corteo” los recuperarán a todos y lograrán nuevos admiradores.
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