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El Fantasma de la Joy

El Fantasma de la Joy

viernes 18 de marzo de 2011, 00:00h
Un teatro siempre es lugar de sueños y fantasmas, en todas las combinaciones posibles: fantasmas que sueñan, sueños de fantasmas, gente que ve fantasmas en sueños o gente que sueña ser fantasmas. Andan por él los fantasmas de los nervios de las actrices principales antes del estreno, los sueños de éxito de los autores que imaginaban atronadores ovaciones, las envidias de los secundarios hacia el actor principal, o los suspiros de las mujeres de la platea hacia el galán. Incluso el mismo teatro puede soñar. Puede que la discoteca Joy Eslava siga soñando con ser el teatro que era antes. Sueños y fantasmas.

Fantasmas como Luis Antón, que no es demasiado mayor para ir por ahí transparentado, ni siquiera llega al siglo. Su espíritu anda siempre soñando con aplausos, con la multitud pidiendo que salga después de una noche de éxito clamoroso. Y así pasea entre americanos, ingleses y madrileños trasnochadores que mueven sus cuerpos y los hielos de su copa por lo que ahora es una discoteca y antes fue un teatro de zarzuelas. Y es que Luis Antón nació para fantasma en aquel espacio, gracias a la bala de un amigo y justo el día anterior a estrenar una obra en lo que era el Eslava.

El Eslava había nacido en septiembre de 1871, como almacén de instrumentos musicales en la planta baja y una sala de conciertos en la parte superior. Más tarde se convirtió en teatro arriba y café abajo, que también se hacían espacios multiculturales en el XIX. Si le preguntas a alguno de los fantasmas, te contaría que fue el atrevimiento erótico de alguna de las obras lo que le hizo popular en todo Madrid, aunque no tardó en convertirse en un teatro dedicado a la Zarzuela, sin desdeñar otros géneros. Y en ese espacio, nuestro fantasma Luis Antón (apellidado del Olmet) iba a estrenar su obra "El capitán sin alma". Y en los preparativos andaba, un 2 de marzo de 1924, cuando se vio llamado por un pretendido amigo, que no lo fue tanto a tenor de lo que ocurrió. Se llamaba Alfonso Vidal y Planas, y más que fantasma, era dueño de muchos de ellos en su alma aun antes de morir. Dicen que habían cenado la noche anterior juntos, y que sus acompañantes no hubieran podido preveer lo que al día siguiente sucedería. Y lo que sucedió fue que la pistola que sostenía Vidal y Planas le soltó un disparo a quemarropa a Luis Antón, haciéndole pasar en un pis pas de autor vivo y de éxito a muerto y recordado, a quien la fama, los aplausos o el número de gente en la platea ya le iban a venir a dar lo mismo.

Eso si, fabricó un fantasma de postín, de esos que entran directamente al club de los ilustres. Porque parece ser que había líos de faldas de por medio de ambos escritores. De los que si quieres amor, Catalina. Ese era el nombre de aquella por la que ambos hombres suspiraban, y ya se sabe que no hay nada tan malo como las historias de aquí te amo, aquí te odio, aquí me voy con otro, aquí te mato. Y allí, en el Teatro Eslava, mató Alfonso a Luis Antón, al parecer por Catalina, para más tarde ser condenado a 12 años de prisión, de los que sólo cumplió tres de condena en la cárcel, y terminar muriendo del todo en Tijuana en 1965. Porque todo indica que el asesino se asesinaba el mismo un poco cada día, y andaba maldito por las esquinas, sin saber nunca si la vida era de regalo o de castigo. Hizo un fantasma quien a veces parecía fantasma en vida. Quizás veía en Catalina a quien pudiera hacerle el alma de carne y hueso.

Y así, entre camareros y cubatas, entre ligones y ligadas, entre miradas de "esta noche vente" y caídas de ojos de "contigo ni de coña", Luís Antón va pasando su presencia por la Joy. A veces le visitan Celia Gámez, que no es malo recordar tiempos mejores. Y una vez se pasó por el teatro un fantasma apellidado Lorca, que también fue de los que estrenaron obra en el Eslava, aunque es fantasma del sur el Federico.

Aunque cuando más disfruta nuestro autor en pena es cuando la música se acaba y las luces duermen, y la gente escapa escupida hacia las calles de una Madrid que se despierta. Y él se queda sólo de nuevo en su teatro, y sueña con aplausos del público en pie después de estreno y con besos de aquella que fue sueño en vida y que no ha sido otra cosa tras la muerte.
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