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Crítica teatral: Dosis de tango en los teatros del Canal

Crítica teatral: Dosis de tango en los teatros del Canal

Por Carolina González
jueves 17 de febrero de 2011, 00:00h
Actualizado: 18/02/2011 12:06h
Los médicos deberían recetar tango. Una buena dosis de tango cada cierto tiempo. Un 'chute' de sentimientos encontrados que sacan a relucir la más pura naturaleza del hombre y de su comportamiento. El tango es misterio, es magia, es encuentro, es desengaño. Todo esto y mucho más lo vivieron los asistentes al estreno de 'Tango Metrópolis' en los teatros del Canal. ¡Y santo remedio! Todos curados por una buena temporada.
'Tango metrópolis' vuelve a Madrid con un espectáculo desgarrador. Las notas del Quitento Daniel Binelli crean el ambiente necesario para elevar al espectador y sumergirlo en un diálogo íntimo, el que pautan los bailarines sobre las tablas. Un hombre y una mujer entregados a las más íntimas de las miserias del ser humano, que se mueven al compás de un estado de ánimo y llenan la Sala Roja de una atmósfera de ensueño, de nostalgia de una gran época pasada, del mariposeo de un sentimiento incipiente, del desarraigo del que de lejos ha venido, de la esperanza de mejorar lo vivido.

'Tango Metrópolis' en los teatros del CanalEl telón se abre y los arrabales de la Argentina de antaño irrumpen en el escenario. Comienza entonces un recorrido por la historia de un género que nace en el boliche, en las márgenes del río de La Plata y transgrede las diferencias sociales para influir de lleno en la alta sociedad. Al son de las milongas y otros clásicos del tango, los bailarines interpretan pasajes de la vida de un pueblo con una idiosincrasia muy pasional, impulsiva. Las escenas son fragmentos de historias que se cruzan, de unos que están enamorados y otros que recién se han conocido, de abuelas y ladrones de bolsos, de buscavidas, historias divertidas, parodiadas en exceso. Una fórmula aguda para bajar la guardia y hacer más emocionante el subidón de después.

Y entre todo eso, música, mucha música protagonizada por un maestro del género, el bandoneísta Binelli, al que el público ensalzó con aplausos cada vez que resultó posible. No hizo falta llegar al colofón del espectáculo para ver en las caras de los asistentes la satisfacción del que sabe que bien ha merecido la pena pagar más de 30 euros por la entrada. Porque, al final, todos aman el tango. Porque todos, pobres o ricos, desean, odian, ríen, lloran. Y todos, pobres o ricos, sucumben al son de un bandoneón maduro, que habla de la vida y de lo confusamente caprichosa que se obceca en ser.
  
No es la primera vez que la compañía dirigida por Claudio Hoffman pisa los escenarios madrileños, y eso el español amante del tango lo agradece. Hace falta algún punto en esta historia de locos.
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